Es sabido que las regidurías son un cofre del tesoro. Entre los dineros que surgen de las negociaciones (lícitas o no), los sueldos, las compensaciones, bonos y demás, aquellos o aquellas que ocupan este puesto disfrutan de un colchón económico envidiable. Seguro hay excepciones, pero como tales, son pocas.

En las elecciones pasadas, Movimiento Ciudadano logró acomodar al regidor Osbaldo Gámez (Osvaldo u Oswaldo, porque siempre escribe distinto su nombre el caballero). Casualmente, este joven chapulín, proveniente de las filas priistas, renunció a su militancia al partido naranja (en donde presumía de una fuerte estructura política a la que jamás se le ha visto), justo cuando vencía el acuerdo partidista que lo comprometía a ceder la regiduría a quien ocupara la suplencia del puesto que representa. Su excusa, muy pobre:  

“Estoy seguro que Xalapa necesita una voz libre, un servidor independiente, un regidor del pueblo y para el pueblo”, cacarea el regidor.

¡Cuernos, puro pájaro nalgón!, el hombre, simplemente, está faltando a su palabra, traicionando a las y los ciudadanos que lo ayudaron en campaña y quienes votaron por él. Pura farsa, tal vez también le pesó el que los regidores estén obligados a donar un porcentaje de su sueldo al Comité Municipal de MC. Es necesario seguir con lupa las acciones de este regidor, pues su renuncia al MC, disfrazada de compromiso ciudadano, con la manoseada máscara del vaporosito independiente, le da gato por liebre a quienes dice representar.