Cuando el alcalde de Xalapa, Hipólito Rodríguez Herrero, se fue de viaje a la Argentina (viaje criticable, por cierto), aparecieron mantas por varios rumbos de la ciudad fustigando tal periplo. Cuando se supo que viajaría a Estados Unidos, otra vez hicieron su presencia las mantas, que esta vez fueron exhibidas en la propia Plaza Lerdo.

Cuando el candidato de Morena a la gubernatura, Cuitláhuac García, dio inicio a su campaña el domingo, se presentaron en el evento de arranque unas botargas representativas del extinto presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para recordarles a los presentes que Andrés Manuel López Obrador podría significar como presidente de México algo similar a lo que fue el venezolano, argumento que es empleado y repetido miles de veces por priistas y panistas para disminuir el arrastre del tabasqueño.

En la misma semana han aparecido nuevas mantas que arremeten contra la actuación del partido gobernante en Xalapa, Morena, y ridiculizan su slogan del florecimiento de la ciudad; y este primero de mayo, en pleno desfile del Día del Trabajo, supuestos manifestantes embaten nuevamente contra Morena y el alcalde.

Independientemente de las afecciones que cada quien tenga por cualquier color político, es obvio que se trata de una campaña emprendida por alguien con interés en dañar la imagen de una de las líneas contendientes, pero además se trata de alguien con poder suficiente para hacer uso de recursos y protección que le permiten desplegar mantas, pagar la hechura de botargas y darles dinero a manifestantes.

El gobernador, jefe político de la Entidad, debería pronunciarse contra estas acciones de terrorismo político que enrarecen y polarizan el ambiente electoral.