Hay que reconocer que los tres contendientes de Andrés Manuel López Obrador en el debate presidencial del domingo son muy buenos dialécticos, retóricos y polemistas. Dos de ellos, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, llegaron bien preparados al encuentro, con datos duros y una forma ágil de exponerlos. El otro, Jaime Rodríguez, tiene dominio del escenario, agilidad mental y cultiva una especie de cinismo que a veces cae bien entre los mexicanos.

Pero cómo será el nivel de hartazgo de nuestros compatriotas, que aún con la forma reposada en que habla Andrés Manuel y su discurso machacón, sigue llevándose la preferencia de los audientes, según una encuesta difundida por SDP Noticias, donde el tabasqueño se alza muy por encima de sus contendientes, 37 a 28 de Anaya y a 27 de Meade.

Y conste que José Antonio tuvo una participación más segura y mejor encuadrada que en el primer debate, al punto de que daba la impresión de que las insistentes preguntas sobre migración estaban enfocadas a favorecerlo, ya que tiene ventaja por haber sido hace poco secretario de Relaciones Exteriores.

Sin embargo, ese punto abordado por López Obrador, la autoridad moral, parece haber predominado esta vez, pues es una condición de la que carecen PRI y PAN ante los desastrosos resultados que como gobierno han tenido para el país.