Sara Ladrón de Guevara admite que compró una casa en 12 millones de pesos, cualquiera con capacidad de compra es libre de hacer una operación de compra-venta en ese monto o mayor como hay incontables casos. Pero llama la atención porque se trata de la rectora de una universidad pública, no necesariamente porque induzca a sospechas inconfesables sino porque en el ambiente nacional permea el tema de la corrupción que en este caso nadie le imputa. La rectora de la UV atribuye la difusión de esa compra a motivos electorales, aunque también a “un tema de violencia de género, pues siempre que una funcionaria hace una adquisición se cuestiona su capacidad financiera”. Ambas hipótesis no encajan en el caso porque ni ella es candidata, ni anda en campaña (se supone), y lo de la violencia de género peca de un criterio que no le viene a una rectora  universitaria. Simplemente llama la atención y es nota periodística porque revela el grado de desigualdad social en la sociedad mexicana. Allí sí pudiera caber lo electoral porque aumenta el enojo ciudadano que prevalece en la población mexicana.