Recep Tayyip Erdogan ha dado este domingo un paso más en la hoja de ruta que él mismo diseñó para transformar Turquía en un sistema presidencialista y, tras su amplia victoria en la urnas, se convierte en el nuevo «súper-presidente» del país. El líder islamista, de 64 años, gozará además del apoyo del parlamento, ya que la coalición liderada por el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) obtuvo la mayoría de asientos de la cámara.

Erdogan ya tiene los poderes plenos que solicitaba para enfrentarse a problemas tan graves como la crisis económica o la guerra abierta en la que se encuentra inmerso contra los kurdos en Siria e Irak. Problemas que hasta ahora no había sido capaz de solventar y que llevaron a la oposición a soñar con una posible victoria, o al menos con una segunda vuelta en la que poner a Erdogan contra las cuerdas.

Sin embargo, los resultados oficiales, con el 97% escrutado, otorgaron el 52,8% de los votos al líder islamista, frente al 30% de su máximo oponente, el candidato del Partido Republicano del Pueblo (CHP), Moharrem Ince, que no tardó en poner sobre la mesa denuncias de fraude.

Turquía vivió unas elecciones con una participación histórica del 87,5%, una muestra más del fervor que despertó una cita doble, ya que se votó tanto para escoger presidente como la composición del parlamento.

Los kurdos entran en la Asamblea

En ambos casos, Erdogan fue el vencedor y la coalición formada por su partido, AKP, y el ultraderechista Partido de Acción Nacionalista (MHP) superó los 300 asientos necesarios, haciendo que ni la entrada en la cámara de los kurdos, que rebasaron el umbral del 10%, suponga amenaza alguna para los planes de Erdogan. El resultado del MHP fue una de las grandes sorpresas, debido a su escasa actividad durante una campaña en la que permaneció a la sombra del AKP.

En sus primeras declaraciones tras su victoria, Erdogan dijo esperar que nadie arroje sombras sobre el resultado electoral y que «no habrá vuelta atrás» desde donde él y su partido han llevado la democracia y la economía. También aseguró que seguirá mejorando los derechos y libertades con determinación.

Atrás quedan semanas de esperanza e ilusiones en una oposición que deberá esperar a 2023 para intentar acabar con un mandatario que, desde que llegó a primera línea de la política en 2002, ha ganado todas las elecciones a las que se ha presentado.

El país vive en estado de emergencia y está cada vez más polarizado, pero la Turquía de Erdogan responde una y otra vez a los llamamientos de su líder y lo hace con disciplina marcial. Desde la oposición se multiplicaron las denuncias de fraude y cuando estas más fuerte sonaban el portavoz del AKP, Mahir Unal, compareció ante la prensa para definir la jornada de «fiesta de la democracia».

El analista Mustafa Akyol, columnista de «The New York Times», definió en las redes sociales la actual situación en el país como la de «una democracia extremadamente intolerante y polarizada en la que el autoritarismo reina gracias al apoyo popular, pero que se enfrenta al mismo tiempo a la resistencia popular». Un juego de palabras que dibuja la fuerte división interna que Erdogan ha alentado para lograr el objetivo de concentrar todos los poderes en sus manos a base de elecciones.

«Revolución democrática»

Erdogan depositó su papeleta en el barrio asiático de Estambul de Uskudar y no quiso dejar el centro de voto sin declarar a los medios presentes que «junto a estas elecciones, Turquía lleva a cabo una revolución democrática. Por primera vez vivimos una transición hacia el presidencialismo», un sistema que permitirá colocar al país «muy alto el listón entre las civilizaciones contemporáneas». Su principal rival, Muharrem Ince, votó en su provincia natal de Yalova, en el noroeste del país, y tuvo un mensaje de alerta ante el riesgo de fraude, por lo que adelantó su intención de permanecer despierto «hasta que se cuente el último voto».

El líder opositor fue el primero en clamar contra los resultados provisionales publicados por la agencia oficial Anadolu, que desde el primer momento otorgaron la victoria a Erdogan. Los opositores llegaron incluso a realizar un recuento alternativo de los votos.

Cuando los datos ya estaban claros, la fiesta estalló en esa parte de Turquía que respalda a un presidente que tiene la mesa cargada de frentes abiertos. Durante la campaña Erdogan dio muestras de cansancio, pero con el resultado de estas elecciones obtiene el respaldo que le faltó tras el referendo del año pasado, en el que su apuesta por el cambio a un sistema presidencialista obtuvo una victoria ajustadísima.

Arranca una nueva era para Turquía, pero lo hace sin cambio de caras.

Con información de:
http://www.abc.es/internacional/abci-turquia-cuenta-votos-tras-jornada-electoral-participacion-masiva-201806241646_noticia.html