Sepientes y escaleras
Por Salvador García Soto

La noche del jueves 7 de junio, cuando comenzó a circular el último video de espionaje en contra de Ricardo Anaya, en el que Juan Barreiro habla de un presunto nanciamiento ilegal a su campaña, la ya para entonces tensa y fracturada relación entre el Frente por México y Los Pinos terminó por hacerse añicos. Todavía hasta ese momento, operadores del Frente, sobre todo del PRD, negociaban con el gobierno y con el PRI una “operación cruzada” en varios estados en la que gobernadores del PRI y del PAN operarían electoralmente en sus estados para apoyar a uno y a otro partido a levantar su votación y así frenar el avance de Morena y de Andrés Manuel López Obrador en varias entidades. Por ejemplo, si en Campeche PAN y PRD no competían, el PRI le ayudaría a subir su votación, mientras que en Puebla, donde los priistas no tienen posibilidades, los ayudarían desde el gobierno panista para que subieran y neutralizaran votos a Morena.

Ese era el último intento por operar electoralmente una alianza de facto, luego de que ninguno de los candidatos, ni Anaya ni José Antonio Meade, quisieron declinar para dar paso a una candidatura única que enfrentara al lopezobradorismo. Y había pláticas y negociaciones que ya estaban avanzadas y en marcha en varios estados; pero justo cuando comenzó a circular aquel videoescándalo en contra del candidato del Frente, todas las pláticas y los contactos se rompieron. “Ya no podemos hacer nada. Acabamos de cruzar el Rubicón”, dijo un alto dirigente del PRD que impulsaba esa negociación con el PRI y el gobierno. Se refería a que con ese golpe, doloso y malintencionado, en Los Pinos habían decidido atravesar la última línea que evitaba una guerra total, tal y como lo hizo el general Julio César cuando cruzó con las tropas romanas el pequeño río que separa la península itálica de las Galias, desatando así la guerra con los galos.

Las batallas antes del Rubicón. La guerra entre Peña Nieto y Anaya, que ha tomado tintes casi de un pleito personal y de una obsesión enfermiza entre los dos personajes (el presidente para evitar cualquier posibilidad de que el panista llegue a la Presidencia y el candidato con su reiterada promesa de que el mandatario será investigado y si hay elementos irá a la cárcel), nadie sabe con exactitud cuándo y por qué comenzó. La versión más conocida y que sostienen en el gobierno, es que la muy cercana relación política y hasta de “aliados” que existió en casi todo el sexenio, se rompió ante lo que en la casa presidencial consideraron una “traición imperdonable” del entonces dirigente nacional panista en los comicios del Estado de México.

El pacto que Anaya había suscrito con el presidente en enero de 2017, justo la noche del 20 en Los Pinos, incluía, además de la participación de Josena Vázquez Mota como candidata A la gubernatura mexiquense, el compromiso del PAN a que ésta iría directamente a “golpear” y “cuestionar” en la campaña a la candidata de Morena y de López Obrador, Delna Gómez. Hay una versión que dice que, a cambio de eso, el CEN panista pidió dos cosas: que dejaran competir a Josena y que si su campaña crecía le garantizaran “piso parejo” en la contienda, y que hubiera “apoyos nancieros” desde el gobierno federal para el proselitismo panista. Esa misma versión asegura que a la dirigencia blanquiazul le entregaron 1 mil millones de pesos para apoyar la campaña de Vázquez Mota; pero todos los acuerdos se rompieron cuando desde la PGR ltraron un expediente sobre una presunta investigación de “lavado de dinero” en contra del padre y los hermanos de la candidata panista, que prácticamente tiró a Josena que nunca pudo levantarse de ese golpe.

A partir de ahí Anaya desconoció sus acuerdos con Los Pinos y —sin dar cuentas del dinero que le entregaron y que, según cercanos a Vázquez Mota nunca llegó a la campaña— terminó por impugnar y cuestionar, en la misma línea de Morena y de AMLO, la “elección de Estado” en la entidad mexiquense. Ahí se desató, dicen, la furia de Peña Nieto y las acusaciones de “traición” contra el que después se convertiría en candidato presidencial ya no solo del PAN sino de un Frente por México que tampoco nunca quisieron y trataron de sabotear en el gobierno peñista.

En la campaña del Frente tienen documentado, con fechas y momentos especícos los momentos y tensiones de esta guerra política en un gráco que titularon: “Ataques mediáticos vs. Anaya y su relación con los debates”, en donde van relatando, con fechas y detalles, cómo a cada declaración crítica de Anaya sobre “investigar a Peña y la Casa Blanca”, han seguido siempre ltraciones de expedientes judiciales, videos y acusaciones —“falsas” dicen los panistas— en contra de su candidato.

Anaya sí iba al debate, pero lo calmaron. Ahí llegamos al punto del último episodio de esta guerra. La noche del último debate no sólo le dieron el golpe artero a Anaya de ltrar los videos completos de Juan Barreiro y la argentina María Silva Ordoñes que, según se dice fue grabado en Madrid, sino que también horas antes del debate, la PGR ltró un ocio con el que acepta y da turno a la SEIDO de la denuncia de Ernesto Cordero en contra de su “compañero” y candidato panista. Las dos noticias cayeron como bomba en el ánimo del candidato del Frente y de su equipo más cercano. Aquí publicamos una versión que decía que fue tal la molestia y el enojo de Ricardo Anaya, que incluso llegó a evaluarse la posibilidad de que no se presentara al debate en el Gran Museo Maya en señal de protesta.

Pero en el equipo cercano de Ricardo Anaya niegan esa versión y aseguran que “fue ltrada intencionalmente por priistas en chats de prensa” con la idea de afectar a su candidato. Pero sí reconocen que, tras las ltraciones de los videos y la denuncia de la PGR, el candidato se descompuso y hubo una reunión, al nal de su preparación, en la que participaron cinco asesores: Santiago Creel, Salomón Chertorivski, Fernando Rodríguez Doval, Rosa Icedo y Osiris Hernández. En esa reunión sí se habló del tema de los videos y de cómo debería abordarlo Anaya en el debate o si debía ignorarlo. Se propuso que iniciara su participación con una denuncia fuerte contra Peña, pero ante lo enojado que estaba el candidato, fue Salomón Chertorivski quien le pidió que se calmara, que tenía que relajarse y no salir descompuesto al debate. Al nal se optó por no iniciar con ese tema, pero sí abordarlo, como ocurrió, si otro de los candidatos, especialmente el del PRI, Meade Kuribreña, lo sacaba. Y así fue como Anaya contestó, a la provocación de Meade, de que el panista era “el único indiciado”, con la amenaza directa: “Tú y tu jefe van a ir a la cárcel”.

Hubo una frase que resumió bien el sentir de Anaya en ese debate, cuando se quejó de que habían emprendido en su contra un “ataque feroz y una campaña porque me atreví a decir que voy a investigar al presidente y sí hay elementos, lo voy a llevar a la justicia”. Fue el momento en que el candidato del Frente dijo: “Ustedes han querido convencer a la gente de que son los buenos y que yo soy el malo de esta película. Y no sé si lo van a lograr; si lo logran, pues no voy a poder, pero si no lo logran, entonces sí tú y tu jefe el presidente (le dijo a Meade) van a tener que responder ante la justicia, porque eso es lo correcto”.

¿Hasta dónde va a llegar la guerra personal y política entre Peña Nieto y Anaya? ¿Se terminará con las campañas el 1 de julio si el panista no logra su objetivo de competirle la Presidencia al puntero López Obrador? O de plano seguirá después de la elección y qué puede pasar con un presidente que tendrá el poder hasta el 1 de julio y un ex candidato como Anaya que, si bien tendría el apoyo de las bancadas del Frente por México, puede quedar muy expuesto y vulnerable a un último zarpazo del poder.

NOTAS INDISCRETAS…Por cierto que en el “cuarto de guerra” de Ricardo Anaya se arma que, según sus encuestas, nada está perdido porque “una cosa es intención de voto y otra voto depositado”. Y al tiempo que aún ven a su candidato peleando por la Presidencia, también arman, con sus sondeos en la mano, que van a ganar en Nuevo León, Jalisco (con MC), Guanajuato, Aguascalientes, Durango, Coahuila, Chihuahua, Nayarit y Yucatán; mientras que reconocen “apretados” a Puebla, Veracruz y Baja California, y de plano ven perdidos con Morena la CDMX, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Quintana Roo e Hidalgo. Del Estado de México solo dicen “peleado”….El conicto en la Clínica Especializada Condesa, por el rechazo a la imposición de un nuevo director neóto en el tema de VIH-Sida, se resolvió ayer por la tarde nalmente a través del diálogo. El secretario de Salud de la CDMX, Román Rosales, se reunió ayer por la tarde con los activistas y líderes de organizaciones LGBTTI, y les anunció la renuncia del doctor Trujillo  al nombramiento que había desatado el rechazo de los grupos de activistas. Como mediadora del conicto participó Jaqueline L’Hoist. Bien por la sensibilidad del doctor Rosales y la apertura al diálogo del jefe de Gobierno, José Ramón Amieva, pero también por los activistas que se organizaron y defendieron sus derechos…Los dados cierran con Escalera doble. Semana perfecta.

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