Es interesante observar el grado de avance democrático que vamos logrando en México, entre aquellos procesos electorales cuyo desenlace final teníamos conocimiento desde mucho antes de su conclusión y los actuales cuyos resultados dependen de múltiples factores, la voluntad ciudadana incluida, existen distancias de orden sideral. Un caso ejemplificativo es el de los debates que en 24 años han venido perfeccionándose, y ya no solo son organizados por el órgano electoral sino por una ciudadanía participativa y mejor enterada; a través de esa interlocución entre los candidatos y la ciudadanía se están fortaleciendo los pilares de nuestra democracia, muy perceptible aún pero sin duda con muestras de un avance sostenido.