Hace algunos días el presidente Peña Nieto declaró sobre el enorme reto que representa desempeñar el cargo de Primer Mandatario de un país como México, la extraña mezcla de amarguras y sinsabores con la feliz oportunidad de servir a su país. Ciertamente, los únicos con autoridad para descifrar lo que se siente ser presidente de este país son quienes ocupan o han ocupado el cargo; pero, amarguras y satisfacciones aparte ¿qué tipo de político no quisiera ser presidente de la república y cuál es el motor que impulsa a los pretendientes a la silla presidencial: ambición de poder, vocación de servicio, ánimo de pasar a la historia, o simple instrumento de Grupos de Poder? Finalmente, poco importa el subjetivismo frente a la oportunidad de dejar huella en la Historia, al margen de la porosidad olvidadiza de la mente colectiva.