En México solo el “Juarismo”, visto como rica fuente de principios y valores políticos, ha logrado trascender sobre la eventualidad de los relevos de gobierno sexenales, después el “Maderismo” fue efímero, igual sucedió con el “Carrancismo” y el “Obregonismo”. Como grupo político el Callismo sucumbió ante el “Cardenismo”, pero como individuo Calles sobrevivió políticamente a través de las metamorfosis partidistas del PNR, partido al que fundara en 1929. Después surgió el “Cardenismo”, que rivalizó política e ideológicamente” por varios lustros con el “Alemanismo”, auténticas corrientes de opinión que polarizaron ideológicamente al país hasta la muerte de sus paradigmas: Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán Valdés. A partir de esos Grupos políticos subyacía en la imaginaria el famoso grupo “Atlacomulco” del Estado de México, al cual atribuyen erróneamente la candidatura de Peña Nieto cuya plataforma fue más amplia que ese localismo. No habrá “Peñanietismo” (aunque ganara Meade), como no hubo “Echeverrismo” ni “Lopezportillismo”, o “Salinismo”. ¿Por qué? Porque este Sistema ya es otro.