El gobierno perredista de la Ciudad de México está viendo la tempestad y no se hinca. La última locura que se le ocurrió al flamante jefe de gobierno, sustituto de Miguel Ángel Mancera, llamado José Ramón Amieva Gálvez, es negarle permiso al candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, para que use la Plaza de la Constitución el 27 de junio para su campaña.

La explicación pírrica es que el gobierno de la CDMX tiene contemplado instalar pantallas gigantes para que los capitalinos pueda ver los partidos del Mundial de Rusia 2018, y el día que estaba programado el cierre de campaña de López Obrador juega la Selección Mexicana contra Suecia.

Hágame usted el favor.

El inteligente señor Amieva Gálvez seguramente no se ha percatado del tremendo arrastre que trae el tabasqueño, de que ese fanatismo que ha logrado se funda en la lucha que ha realizado cuesta arriba contra la “mafia del poder” y de que acciones como ésta convencen aún más al 52% de electores que podrían apoyarlo, de que los malosos usan toda clase de artimañas para evitar que su héroe civil llegue a Palacio Nacional para meter en cintura a todos los perversos como él.