Como debe ser antes, que la grieta se ensanche más y termine en derrumbe, Ricardo Anaya y su equipo más cercano se reunieron con la dirigencia nacional perredista. No queda de otra, se trata de minimizar el daño provocado por una estrategia del adversario al interior de las filas del Sol Azteca, cuyo ocaso se advierte en lontananza. Poco puede hacer Miguel Mancera en este caso para detener la emigración que sangra al PRD pues a confesión propia no está afiliado a este partido y su preocupación inmediata ya es muy otra. No así Anaya, a quien afecta directamente la diáspora perredista y, Junto con Alejandra Barrales, son los más afectados de un contragolpe asestado al interior perredista.