Al revisar el marco legal vigente en México cualquier acucioso investigador ajeno a nuestra realidad pudiera concluir que este país goza de pleno Estado de Derecho, aunque al revisar el contraste con la realidad se demuestre todo lo contrario. En efecto, nuestro marco jurídico es el reflejo de lo que deseamos para una convivencia armónica, sin impunidad, sin corrupción, sin delincuencia atosigante, etc.; contamos con instituciones formalmente autónomas, pero todo es utopía cuando volteamos hacia la prosaica realidad: las instituciones no son autónomas, la impunidad se fomenta desde la elite gobernante, la justicia se politiza, y lo peor es cuando los candidatos (los antisistema porque están fuera, y los de adentro porque no quieren salir) nos ofrecen el cambio y tenemos que depositar, una vez más, nuestra confianza en el “ahora sí”, cuando es solo el inicio de un nuevo ciclo de más de lo mismo. ¿Pesimista? Si.