El excesivo uso del tema Javier y Karime Duarte con propósitos electorales y la indiscriminada difusión de los pormenores legales sobre los procedimientos que se les han incoado o que se piensa instaurarles, está a punto de producir exactamente lo contrario de lo que quiere el gobernador Miguel Ángel Yunes, pues se corre el riesgo de que por lo menos ella resulte protegida nada menos que por el gobierno británico.

Esa protección en forma de asilo sería si el gobierno de Su Majestad considera que el seguimiento y espionaje para averiguar el domicilio y modo de vida de Karime en Londres, que hizo el gobierno veracruzano, rebasa el marco legal y es en realidad persecución política.

Un vuelco tal desagradaría no sólo al mandatario, que tiene empeñada en prenda su espada en el tema, sino a todos los veracruzanos, que anhelan ver materializada la justicia en el despojo a las familias Duarte y Tubilla de lo que indebidamente se apropiaron.

Sigue sin caber la prudencia en el señor Yunes, que en su afán de usar el tópico del combate a la corrupción como el principal puntal en su gestión de la gubernatura para su hijo, se enfrasca en estériles enfrentamientos con personajes nacionales como Ciro Gómez Leyva, sin darse cuenta que resta en vez de sumar simpatías.

Pero el asunto electoral está por definirse y poco vivirá el que no llegue al domingo primero de julio para conocer el desenlace, o cuando menos al lunes 2, hasta cuando se darían los resultados.