El segundo debate entre los candidatos al gobierno veracruzano organizado por el OPLE resultó insulso, de poco interés para una audiencia en espera de algo diferente pero resultó una copia al carbón del anterior, nada nuevo dijeron y con razón después de casi 90 días de campaña durante los cuales han dicho todo lo que tienen que plantear. La falla es del formato implementado, muy acartonado y, también, porque las estrategias así lo exigieron; salvo en el caso de la señora Sheridan a cuyo encargo estuvo aporrear a Cuitláhuac cumpliendo su cometido en esta empresa en la cual ni manda ni dirige solo se apega al script previamente diseñado. Sirvieron, eso sí, para que los candidatos entraran en ritmo, pues fue evidente la ausencia del pánico escénico respecto del primer encuentro: Pepe en su papel de buen conocedor de causa y efecto de los problemas de Veracruz; Miguel Ángel asimiló muy bien su papel y cambió estrategia, Cuitláhuac adquirió temple y eludió el golpe artero. Ya han dicho todo, ahora a esperar la jornada electoral, en la cual se reflejará lo que hicieron, cuánto hicieron y si lo hicieron bien.