No estoy de acuerdo en participar en una cuarta transformación, de la que nadie nos aclarado a donde nos llevará o en qué nos transformará como país.

Estoy completamente en desacuerdo con una nueva Constitución Moral para México. En todas las ocasiones que se ha intentado moralizar una sociedad, el resultado ha sido un desastre total.

La corrupción es un mal terrible, nos ha ofendido a todos los mexicanos, pero por desgracia, no se combate con discursos vacíos, es la impunidad y el ejercicio del poder al margen de la ley la que la alimentan lo que se debe combatir con leyes e instituciones cada día más fuertes.

No creo en líderes que les canten y escriban loas y poesías de devoción, en todo caso, son los líderes que son cuestionados, enfrentados y sometidos a la revisión de su ejercicio del poder los que son admirables.

No creo en los partidos políticos, pero menos en los que basan su ideología en evangelios de la palabra de su líder.

Estoy convencido que todos somos iguales, por ningún motivo me parece aceptable que se someta a consulta pública los derechos humanos de las minorías.

La violencia en nuestro país es inadmisible, no podemos vivir en un país donde nos matemos por miles y miles cada año. Pero estoy seguro que la violencia y nuestra democracia pertenecen a dos escenarios distintos. No debemos culpar a la democracia de la violencia, es absurdo y en todo caso es una trampa demagógica.

Creo en un México cada día más libre y democrático, donde los gobernantes no solo toleren la libertad de expresión, la respeten y protejan como un bien indispensable de nuestra democracia.

Yo quiero un país que en sus diferencias nadie encuentre el pretexto de un malsano beneficio político de enfrentarnos entre los mexicanos.

Creo en la libertad sin condiciones, no me gustan los políticos que les atrae la idea de administrar nuestra libertad.

No me gusta la desigualdad y la pobreza, pero estoy convencido que es creando riqueza y posibilidades económicas para todos como se combate, nunca repartiendo la que ya existe.

Estoy seguro que es el equilibrio de poderes lo que nos puede salvar de autoritarismos o líderes fuertes, no importa que todos sean políticos ambiciosos, pues justamente es esa misma naturaleza ambiciosa la que impide que un solo hombre se quede con todo el poder.

Vamos a votar con toda libertad y el domingo en la noche, exijamos a nuestros candidatos que sean dignos en la derrota y generosos en la victoria.

 

Porque solo hay una cosa peor que un mal perdedor, un mal ganador.

 

Jorge Flores Martínez

Jorgeflores1mx@nullme.com

Twitter @jorgeflores1mx