Los partidos vencidos en una elección de inmediato adquieren el síndrome del “cambio” y de la “reflexión”, algo se hizo mal como causa de la derrota; obviamente esto sucede cuando hubo oportunidad para competir, porque los partidos cuya única preocupación es sobrevivir en la nómina de las prerrogativas no acusan trauma poselectoral solamente susto. No así en el PRI y el PAN, en donde los resultados adversos provocan crisis de conciencia y los obliga a buscar “culpables” en quienes estuvieran endiosando si los el triunfo los hubiera acompañado. Si en el PRI se escucha lo mismo de 2000 y 2006: “el PRI no está dialogando con la sociedad”, “nos apartamos del pueblo”, “se requieren reformas estatutarias”, “mayor democracia en la elección de dirigencias y candidatos”, “no a la imposición de un dirigente desde la presidencia” y nada hacen por corregirlo sería un paso más al ya más cercano precipicio.