OPINIÓN

Por Mario Javier Sánchez de la Torre

El 4 de marzo de 1929, hace 89 años, quedó constituido en este país el Partido Nacional Revolucionario (PNR), que en el año de 1938, cambió su nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM), y finalmente en el año de 1946, se le cambió el nombre por el de Partido Revolucionario Institucional (PRI), que es como se le conoce en la actualidad.

Pero independientemente de esos cambios de nombre, esta organización política como las otras que ha habido en México y también han cambiado de nombre y siglas, sean de izquierda, centro o derecha, siempre han conservado el objetivo de este tipo de instituciones: obtener el poder.

Objetivo lícito siempre y cuando éste se trate de lograr a través de mecanismo apegados a la legalidad y principalmente buscando el beneficio de la población de la nación en que funcionan, en éste caso México.

Pero lamentablemente la experiencia nos ha mostrado a los mexicanos que los partidos políticos que a partir del movimiento armado de 1910 han funcionado a lo largo y ancho del territorio nacional, a la fecha, sólo se han preocupado por el beneficio de sus dirigencias, no militancias, y se han olvidado de la población a la que deben beneficiar.

En cuando a las ideologías de cada uno, en algunos casos ésta, solo la respetaron y mantuvieron vigente antes de llegar a detentar el poder, pues también la experiencia nos ha mostrado que en el desprestigiado por corrupto medio político mexicano, dejó de respetarse por parte de cada uno de ellos, desde hace varios años. Como muestra de lo señalado, tenemos las aberrantes coaliciones que han llevado a cabo en los dos últimos procesos electorales y sobre todo en el que aún no termina, que a la mayoría y los que eran las principales fuerzas políticas del país de nada les sirvió, pues quedaron bastante debilitados tanto el PRI, el PAN y el PRD, sin nombrar los que solamente eran franquicias y negocios de algunos cuantos, que todo el país aplaude su desaparición.

Por lo anterior llama la atención que la flamante presidenta del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Claudia Ruiz Massieu-quien guarda parentesco con Carlos Salinas de Gortari-señaló hace unos días que una de las opciones que hay para la refundación del PRI, es cambiarle el nombre. Así como también que desea tener un partido de centro izquierda que pueda ser cercano a la socialdemocracia, lo que es algo muy diferente al neoliberalismo que impuso en este país, Salinas de Gortari, por lo que se ve difícil de lograr el planteamiento, pero como noticia en medios de comunicación puede que llame la atención de los incautos y convenza a los mal informados.

Por lo que corresponde a la ideota del cambio de nombre para lograr la refundación del PRI, ya hay voces al interior de lo que queda del partido oponiéndose, las cuales tienen razón. Pues lo que realmente hay que cambiar al interior del tricolor es el compadrazgo existente, el apoyo a los cachorros de la revolución, la dictadura interna, el evitar la autocrítica y en general la corrupción que hay y permea al interior del PRI, no solamente en el CEN, sino en todo el país.

La realidad y no la quieren aceptan, por lo que no aprendieron de esta derrota que casi los desaparece, es que deben de combatir la gran corrupción que tienen a su interior y eliminar a los corruptos que dirigen desde años este instituto político y que lo único que han hecho es enriquecerse como: Beltrones, Salinas, Deschamps, los Duartes, Peña Nieto entre otros muchos. Así como la última camada de ex gobernadores salidos de ese partido los cuales, los que no están ya detenidos, están de huida.

La refundación del PRI no está fácil, hay mucho trabajo por hacer, cómo sanear su interior y sobre todo a nivel de la sociedad civil. Pero realmente la señora Claudia Ruiz Massieu, por sus orígenes políticos familiares, realmente no es la más indicada para poder lograrlo. ¿O cree usted qué don Carlos la deje estimado lector? Hasta el viernes.

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