En Veracruz tenemos la amarga experiencia de haber padecido diputados de lo peor, con honrosas excepciones, por supuesto. Será porque los partidos políticos postulan candidatos en base a intereses de grupo y connivencias políticas, o porque la ciudadanía no sabe elegir, pero es difícil decidir cuál legislatura de  las últimas cinco ha sido la peor. La última legislatura de Duarte fue abyecta en extremo, se corrompieron a tal grado que sus nombres deben quedar grabados en el muro de la ignominia, el acucioso investigador los encontrará con facilidad. La legislatura sucesora que corresponde al gobierno en funciones tiene el agravante de las expectativas del cambio de actitud ofrecido; en este colegiado destacan féminas con acentuado contraste en su conducta: la digna postura de Cinthya contra la veleidosa y acomodaticia de Cadena y Sheridan. El responsable de la Jucopo, Sergio Hernández, no se salvará de una rigurosa investigación respecto del manejo del recurso financiero y esta legislatura ha endiosado el chapulineo y tiene saltimbanquis por doquier. Pero “no tiene la culpa el indio…”.