Hubo tiempos en México, cuando Juan Orol se colocó como uno de los directores más activos de la producción cinematográfica, diseñando verdaderos “churros”, y se ganó el dictado popular cuando un acontecimiento de la vida real sucedía en tonos chuscos se le calificaba como “orolesco”. Así sucedió en las instalaciones de la PGR en Coatzacoalcos, en donde un detenido por agentes de la policía naval porque llevaba varias armas de fuego se escapó, aprovechando “un descuido” de esos agentes cuando tramitaban su entrega ante el ministerio público. ¿Fue realmente un descuido? Si el hecho se viera en una película no se concedería mucho crédito al tal “descuido”, sería “orolesco”.