Crónicas urgentes
Claudia Constantino

De entre todos los análisis y contra análisis sobre lo ocurrido ayer en la jornada electoral de nuestro país, por supuesto que me quedo con la madurez democrática que mostró la sociedad mexicana. Fue con la participación masiva como se pudo dar paso a la oportunidad de un modelo diferente de nación. Diferente de lo propuesto por el PRI y el PAN, quienes se habían alternado el poder. Hasta hoy.

La jornada electoral lograda, cambió el rostro de la política mexicana en el futuro inmediato. El nuevo Congreso y las gubernaturas en manos de López Obrador modifican para siempre el status quo del poder en México, dominado desde siempre por las formas instauradas por el PRI y que había copiado fielmente el PAN. Todos esperan haber matado al “priista que todos llevamos dentro” y que con esta votación tan contundente, producto del hartazgo de una sociedad cansada de los excesos de los poderosos, las cosas cambien.

Con MORENA como único recipiente del descontento ciudadano, Andrés Manuel López Obrador ha acabado con la hegemonía PRI-PAN, y ello obligará a los grandes partidos a replantearse sus acuerdos políticos y la negociación con un gobierno de izquierda por primera vez.

Todos quiere creer en Andrés Manuel. No falta quien sugiere que “la mafia del poder” tiene todo bajo control y que todo esto se trata de una jugada maestra, donde hay un salvador de la patria, el pueblo accede al orgullo de haber tomado su destino de la mano, y todos felices. Nunca faltan los maledicentes, los mal intencionados, los que escatiman los logros y los avances. Muchos fueron testigos anoche del derrumbe del régimen que conocíamos. Ni con los peores augurios se puede apagar el ánimo triunfalista y la esperanza que López Obrador vino a infundirle a México.

Pero sólo es el comienzo, en el orden del día que ha dejado sobre la mesa, López Obrador, hay muchísimo que hacer, y mucho más que demostrar. La mayoría de los mexicanos han pagado por ver. Se han arriesgado a un cambio, aún a sabiendas que corren el riesgo de que les hayan mentido.

Pero los que mienten, también ya han comprobado que México despertó, que está atento y les demanda sus fallos, y sus excesos. Si no, que le pregunten a Javier Duarte de Ochoa, o más recientemente a Miguel Ángel Yunes Linares. El primero pensó que su locura no tendría consecuencias y hoy está en prisión. El segundo, creyó que podría convertir a Veracruz en su feudo, pasando por encima de los veracruzanos.  A ambos les demostraron cómo no.

A partir de ya, más le vale a los políticos que empiecen a entender a los mexicanos del siglo XXI, ya no son como sus padres o sus abuelos. Esta nueva cepa de ciudadanos exige. Exige mucho más. Ya no están solos. Están con “las benditas redes”, en esta suerte de escaparate donde es mucho más difícil ocultarlo todo, especialmente lo indebido.

Por supuesto que sigue habiendo buenos y malos políticos en todos los partidos de México, incluido MORENA, pero ya lo dijo el nuevo líder del país: “Bajo ninguna circunstancia, el próximo Presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares. Un buen juez por la casa empieza”.

Eso espera México completo, y eso le demandará principalmente a Andrés Manuel López Obrador y a todos los que lo acompañan. El primer logro que hay que reconocerle, es: Haber despertado “al tigre mexicano” y una vez hecho, deberán cuidar que no se vuelva contra ellos, como le ocurrió al PRI, al PAN, a Peña Nieto, o a Miguel Ángel Yunes.

Que todo cuanto está por venir, sea en bien del país y sus ciudadanos, a quienes no se les puede escatimar el reconocimiento de su valor, al intentar algo distinto, al romper con lo conocido y con el orden establecido por el poder. Un nuevo comienzo acaso, o por lo menos, un intento colectivo que perfila las garras bien afiladas de un tigre que ya no se va a dejar abusar. ¡México Vive!

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