Crónicas urgente

Claudia Constantino

          El triunfo de Andrés Manuel López Obrador representa, por sobre todas las cosas, el fin de un régimen y el surgimiento de uno nuevo; no sólo porque disfrutará de una amplia mayoría en el Congreso, cosa que no ocurrió con ninguno de nuestros ex mandatarios en los últimos casi treinta años, sino porque la estructura de partidos que prevalecía ya caducó: el PRI casi se ha extinguido.

            Serán varios partidos de los considerados como “la chiquillada” los que perderán su registro y el desfonde de los institutos políticos, también del PAN y PRD, es total de cara al futuro inmediato. Muchísimos son los mexicanos que no acaban de asimilar el fin de la partidocracia que intentó sustituir al régimen presidencialista, y varios son los que insisten que este cambio de rumbo se parece a aquel en que los mexicanos eligieron presidente a Vicente Fox Quezada: votar por un cambio que nada cambió.

            No son pocos los miembros de la clase política que quieren creer que seguirán haciendo política de la misma manera, de la manera priísta, porque jamás han conocido otra, debido a que esa supremacía duró más de ochenta años. Entre el PRI y su aliado el PAN se pasó del sistema presidencialista al sistema partidócrata, donde las dirigencias de los partidos convirtieron al Congreso en rehén de sus marrullerías y mezquindades, destinadas a mantener posiciones y canonjías a cualquier costo. Nunca construyeron estrategias de fondo para atacar los grandes problemas nacionales y sacrificaron todo por la inmediatez.

            Los resultados están ya a la vista: un ex priista que le conoció muy bien las entrañas al monstruo y el sistema político priista-panista, con su discurso ambiguo contra la corrupción y su prédica en abstracto en favor de los pobres se convirtió en la opción para millones de ciudadanos fastidiados del híbrido parlamentarismo-presidencialismo que enriqueció a unos cuantos mientras la desigualdad crecía, la seguridad pública fracasaba en todos sus intentos de contener la violencia y el crimen y la corrupción anidaba en todos los niveles de gobierno.

            Por todo esto el PRI y el PAN, ni se diga los demás, han sido barridos de la escena política. Cuadros y militantes de ambos partidos emigran masivamente a Morena en busca de su supervivencia.  La única supuesta oposición correrá a cargo del PAN, pero para ello tendrá que refundarse y arreglar los entuertos que les dejó “el chico maravilla” con su candidatura de mucho ruido y pocas nueces. Son escasos los que miran a Ricardo Anaya como el chico prodigio que podría llevar al PAN a su siguiente era.

            Por lo que toca al PRI, las cenizas se las disputan los grupos que cavaron su tumba. Hoy, con la renuncia de René Juárez y la llegada de Claudia Ruiz Massieu a la dirigencia del partido, se confirma que es el grupo de Carlos Salinas de Gortari el que se quedará con las cenizas y pronto veremos para qué. En el estado de Veracruz, donde el PRI prácticamente quedó extinto, la mayoría de los priístas quieren que Américo Zúñiga “se quede a limpiar su porquería” antes de pasar la estafeta al incauto que venga. Nada de destrozar y salir corriendo por la puerta de atrás; el clamor es que se quede a levantar sus escombros. Los nombres del sucesor están encabezados por el de Marlon Ramírez. A su debido tiempo.

            En suma, López Obrador llegará a la presidencia en el contexto de un vacío de poder y el más absoluto descrédito de las fuerzas políticas rivales. La pregunta que nos hacemos: ¿qué hará Andrés Manuel con semejante poder? La única constante de su movimiento es que todos los caminos parten de él y conducen a él. No habrá mayor contrapeso que la propia sociedad que le ha entregado el poder absoluto.

            A partir del primero de diciembre, “El Peje” tomará el control de un país que dice querer un régimen distinto, una nueva manera de hacer política, otras caras en la palestra, por lo que veremos nuevos ideólogos, nuevas propuestas ciudadanas de organización política, nuevos políticos, nuevos líderes. ¿Realmente será un nuevo comienzo? El principio de un nuevo capítulo de México está por comenzar y en éste es deseable que se escriba a la limón con el nuevo líder. El fin del PRI. El principio de la democracia. Sería un buen título para esta nueva etapa ¿Será?

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