CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

“Mientras el Norte trabaja y el Centro piensa, el sur descansa”, dice conocido refrán mexicano; “en Tehuantepec la mujer trabaja, mientras el hombre descansa en la hamaca”, canta otro con romántico acento, no menor por cierto de aquel tan conocido: “en el sur tiras una semilla y crece el fruto”; esa conseja forma parte de la rumorología nacional, producto del ocio de quienes acostumbran repetir en automático, a despecho de conocer la auténtica realidad. Sin embargo, los refranes encierran la sabiduría de un pueblo, son el fruto comprimido de años de experiencias de vida, es la experiencia acumulada por siglos de convivencia humana, y su voz no es despreciable.
En lo del justo reconocimiento a las esforzadas mujeres de Tehuantepec no hay objeción porque es exacta la imagen, pero no se hace justicia al hombre que desde el despuntar el alba se encamina a su laborío para trabajarlo y recoger los frutos que entregará a su mujer para llevarlo a comerciar. Esa escena recuerda a Heródoto cuando refiere de Egipto: “Allí son las mujeres las que compran y trafican, y los hombres se quedan en casa y tejen”, es un preclaro antecedente de cuanto en el Istmo se observa.
Gente de trabajo, de profundas raíces indígenas, donde impone sus reales la raza zapoteca, de dignidad enhiesta, de recia voluntad y de fortaleza física incomparables, no por casualidad Benito Juárez y Porfirio Díaz gobernaron este país durante 45 años, solo la muerte le frustró a Juárez más años en el poder y el peso de los años y las circunstancias a Porfirio Díaz para seguir en el mando.
Ambos insignes mexicanos conocieron de la fruición imperialista de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos por obtener el usufructo del Istmo de Tehuantepec, era la conexión continental más rápida entre el Atlántico y el Pacífico. A Benito Juárez le correspondió la firma del Tratado Mac Lane -Ocampo (14 de diciembre de 1859, afortunadamente frustrado en el senado de los Estados Unidos) y a Porfirio Díaz le tocó dar en concesión al noble inglés Weetman Pearson la construcción del ferrocarril del Istmo en 1899.
No es ociosa la remembranza sobre este tema tan importante para México, pues muchos gobiernos desde Bucareli han proyectado utilizar al Istmo de Tehuantepec como plataforma de desarrollo regional y nacional. Y Andrés Manuel López Obrador no es la excepción.
El gobierno encabezado por Peña Nieto ofreció, entre otras grandes obras, realizar el proyecto del Tren Transpeninsular en Yucatán y el tren México-Querétaro, proyectos largamente contemplados pero por una u otra razón quedaron en el limbo; entregará sí la ampliación del Puerto de Veracruz, otra obra de gran calado. Ahora, AMLO contempla cinco grandes proyectos: el Tren Maya, el Corredor Transistmico, dos nuevas refinerías y el tren México-Querétaro. ¿Quién en México no quisiera ver esas obras concluidas en los seis años venideros?
En lo que respecta al Istmo, desde tiempos de Echeverría Hugo Cervantes del Río, entonces Secretario de la Presidencia, anunció el desarrollo de un gran corredor transistmico en el afamado Istmo mexicano, también fue programa en los sucesivos gobiernos, pero todo quedó en Proyectos.
¿Cómo no darle importancia a un Proyecto cuya realización representa el despegue económico del sur de México? Además del lesivo tratado Mac Lane-Ocampo, en 1866 el General Grant obtuvo otra concesión sin éxito en los hechos, en 1881James B. Eades ganó la concesión para la construcción de un ferrocarril que transportaría buques de mar a mar per prosperó. Finalmente, Porfirio Díaz entrego a Pearson la concesión en 1899, y ocho años después, 1907, inauguraron- Díaz-Pearson- el ferrocarril transistmico, simultáneamente a la inauguración de los Puertos de Salina Cruz y Minatitlán, con tal éxito que Para 1911 ya manejaba un millón de toneladas.
La construcción del Canal de Panamá en 1914 disminuyó el interés internacional por esta región, sin embargo, su importancia estratégica como plataforma de desarrollo sigue vigente, con mayor impacto si se conjuga con la construcción de las dos refinerías en el sur mexicano, la reconfiguración de la planta de Minatitlán, y la construcción del Tren Maya, en su conjunto impulsarían al sur mexicano.
Dadme un punto de apoyo y moveré al mundo”, decía Arquímedes; justo lo que requiere el sur mexicano.
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