CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

Después de la jornada electoral y del riguroso conteo a que obliga el marco normativo ya sabemos quiénes son legalmente ganadores de esa contienda, y nos permite reconocer un cambio sustantivo en la geografía política del país configurada por ese proceso. Por supuesto, en el nuevo escenario siguen en el centro de la atención los partidos políticos, organizaciones de orden público a las cuales la Constitución General encomienda la participación ciudadana para formar gobiernos de manera representativa y democrática en un escenario de orden y paz social.

La nueva distribución del poder, o mejor la concentración del poder, incluye el grave deterioro sufrido por partidos otrora competitivos, pues el PRI, el PAN y el PRD salieron muy estropeados de la pugna electoral y cada cual transita ahora por críticas circunstancias. Para el PRI y para el PAN la experiencia ya no es nueva, el primero la sufrió en el 2000 y 2006 y el blanquiazul en 2012; para el PRD el futuro inmediato es de rebatinga a su interior para administrar sus despojos.

Los resultados electorales del domingo primero de julio de 2018 fueron producto de un cataclismo político en la república mexicana, son fuente de un cambio sustantivo en el mapa político, tal como lo podemos comprobar en Veracruz donde MoReNa se lleva la gran tajada Distrital, local y federal y semejantes resultados en otras entidades, como Sonora, donde Morena hizo añicos la añeja supremacía política de Manlio Fabio Beltrones al ganar 20 de los 21 distritos locales (PRI:1); 22 ayuntamientos –incluyendo Hermosillo, la capital– y la fórmula al Senado de la República; el PRI-Verde-Panal ganaron 27 municipios y la alianza PAN-PRD, 13, pero hasta MC tuvo más votos (10%) que el PRD (1.79%).

Con el retorno del “carro completo”, producto del “voto parejo” en el ámbito legislativo y la reinstauración de un partido hegemónico, al menos en lo inmediato la partidocracia en México tendrá un periodo de hibernación forzada, pues ni el PRI ni el PAN con la pedacería partidista a un lado tendrán capacidad negociadora al momento de oponerse a una reforma legislativa, es decir no habrá oportunidad de acuerdos en lo oscurito a cambio de canonjías de todo orden. Con el transcurso de los acontecimientos tendremos oportunidad de observar si llegó a su fin la partidocracia en México o solo queda en estado latente esperando el resurgir de condiciones propicias para su reingreso en al escenario nacional.

Tiempos interesantes que nos ha tocado vivir, del Viejo al nuevo régimen, cuando aún contamos con la referencia directa de un ayer inmediato a punto de convertirse en registro histórico, y un virtual presidente hablando de una cuarta renovación.

Sin dejar de reconocer su acentuado protagonismo en los actuales acontecimientos, sería una visión idealista de la historia atribuirle a López Obrador la causa única del actual Movimiento; pero le correspondió abrir la compuerta para dar salida a la fuerza arrolladora de una corriente largamente contenida y encauzarla a su favor. Porque en realidad la transición institucional inició hace algunos años, no es de ahora la secuencia histórica entre el viejo y el nuevo régimen, son etapas registradas desde la década finisecular, incluye la alternancia en la presidencia en el año 2000, un interregno panista de 12 años y una breve muy errática restauración priista de 2012 a 2018. La renovación la continuará AMLO en su calidad de presidente teniendo como guía la mística de su Movimiento.

Quienes iniciaron la Revolución Francesa no tuvieron conciencia de su trascendencia histórica, pues inmersos en la lucha contra el régimen lo inmediato era derrocarlo, las circunstancias y nuevos actores- Napoleón entre ellos- consolidaron los propósitos revolucionarios.

En México, para buena fortuna, la convulsión es política, cambia la correlación de fuerzas de manera pacífica, y ha sido la participación ciudadana del primero de julio la que expresó en votos la inconformidad social, el ingrediente fundamental del asado electoral.

Estos resultados electorales en Veracruz y en México son materia para la investigación del sociólogo político y para la reflexión de los actores políticos: En el PRI de Pepe Yunes para la inmediata tarea de recomposición partidista aprovechando la oportunidad para tirar lastre, cerrar puertas a los traidores y reemprender la acción. En el PAN de Miguel Ángel reanudar la lucha, luego de despertar de la pesadilla, pues no es fácil digerir una derrota tras haber conseguido 1 millón 400 mil votos (un cálculo teóricamente holgado para ganar) y resultar abatido por lo que fue un auténtico Movimiento ciudadano. Y a Cuitláhuac García, ya virtual gobernador, porque ha adquirido la gran responsabilidad de sacar adelante a Veracruz y tendrá enfrente la expectativa de todos los veracruzanos.

Y de entre esa maraña de acontecimientos irrumpe en todo su esplendor la naturaleza humana, mostrando su veleidosa presencia. Ahora que el PRI y el PAN fueron derrotados, las virtudes son para AMLO, y Cuitláhuac en Veracruz; los defectos, las culpas, los errores, se cargan a los derrotados: “Peña Nieto es el culpable porque Meade no fue buen candidato”, el PRI merecía perder ¡fuera los Beltrones y los Gamboa, corruptos todos”. “Miguel Ángel debió salir a reconocer el triunfo de Cuitláhuac desde las 10 de la noche”, “el PAN perdió en Veracruz por la arrogancia de sus líderes”; “Pepe Yunes se rodeó de puros corruptos, por eso perdió”, “el PRI está liquidado” etc., son las voces del fatuo queda bien, cuyo concurso aporta su ingrata cercanía.  Es la consustancial dualidad humana: leal y traicionera, agradecida e ingrata. Culpas son del barro.

alfredobielmav@nullhotmail.com

7- julio-2018