Si cuando pudiera haber estado interesado en quedar bien con la prensa y los veracruzanos, porque aspiraba al voto popular para su hijo, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares no tomó decisiones que lo acercaran a los mencionados, ahora menos, cuando precisamente ha recibido el castigo a su gobierno soberbio, oligopólico y lejano a los intereses de las masas.

Por eso no para en mientes para llamar absolutamente ignorantes las declaraciones de actores políticos que le piden no nombrar fiscal anticorrupción: “Yo le (les) pediría a estos ignorantes, que salen a opinar nada más, sin tener la menor idea, que lean la Constitución, que se preparen; Veracruz requiere gente preparada, gente que tenga el mínimo conocimiento”.

Pretende obviar u ocultar el señor Yunes que el gobierno no se rige estrictamente por leyes como si fueran operaciones matemáticas, sino que invariablemente implica decisiones políticas, lo que significa acuerdos, inducciones, presiones y componendas, al margen de lo que digan las leyes.

Y sobre todo cuando lo que está en juego es la protección a él y su régimen por la eventualidad de malos manejos, tal como ha dicho el gobernador electo, que calcula 800 millones desviados a cosas electorales, sería ingenuo el que jure en las palabras de Yunes Linares que no cabildeará con sus incondicionales diputados para que designen a un fiscal a modo.

Y respecto de los magistrados, veremos si cumple eso de que convocará a universidades, colegios de abogados y grupos interesados para que le den nombres y él haga las propuestas al Congreso, porque por lo menos para designar a su secretario particular como magistrado y a otros sin carrera judicial, no se ha tomado esa molestia de consensuar.