ACONTRACORRIENTE

Manuel del Ángel Rocha

Andrés Manuel López Obrador ha ganado la presidencia de México, por encima de un aparato Estatal montado   para desacreditarlo y  restarle aceptación social, aun cuando las encuestadoras serias le daban por lo menos 20 puntos de distancia sobre los candidatos del PAN y el PRI.  Cada punto porcentual equivalía a 600 mil votos, que  permitía asegurar a  los analistas  que AMLO ganaría  con más de 25 millones de votos, y que el segundo lugar no alcanzaría  la mitad de esa cantidad,  como ocurrió.

Los más de 30 millones de votos otorgados a  López Obrador vienen del pueblo,  de los más de 50 millones en pobreza y los 8 más, en pobreza extrema  de acuerdo al CONEVAL.    Esa cantidad de votos,  le permitirán  sobre seguro a  MORENA tener mayorías calificadas, tanto en el Senado, como en la cámara de Diputados, y eso equivale a moldear la Constitución, y regresarle al pueblo mexicano la potestad sobre los bienes nacionales que en el pasado inmediato le fueron  arrebatados  por esa vía, (pacto por México), para beneficiar a los grupos económicos y de presión, tanto locales como foráneos, que   en  venta de garaje, siguen rematando al país, y donde esos compradores, con folder de requisitos laxos en mano, de hecho y de  derecho, se están apropiando de nuestra riquezas (lo último, la concesión de las aguas de nuestros ríos y lagunas). Están absorbiendo  nuestro patrimonio natural y  nacional.

Hoy el pueblo mexicano ha decidido quitarle el poder a los políticos y partidos   entreguistas, y con esperanza espera estar incluido en la transformación nacional que él  ha  empujado.      El objetivo es que AMLO responda a sus expectativas,  no a la de los acomodaticios  que ya  se sienten  íntimos del presidente electo, y están prestos al asalto en la administración,  estatal o federal. Se publicitan como los ganadores, pero están muy lejos de los perfiles  identificados, o tienen pertenencia, o compromiso con la 4ª transformación que plantea Andrés Manuel.  Por ello  es insoslayable  poner el dedo en el renglón ante un hecho  irrefutable: “la bufalada”,  está actuante y filtra posiciones  que pretende ocupar.   La bufalada,  definición que en   la política nacional se le da al tropel de personajes,  que con una noticia o hecho político,  en manada, provocan una estampida, que devastan escenarios, y quitan espacios a actores que legítimamente merecen la oportunidad de servir. Pero  también, como clase social (el pueblo), debe acceder a los beneficios para mejorar sus condiciones de vida, que el Estado mexicano este cimentando para mejorar  sus derechos, sea desviado para los vividores,  oportunistas, cínicos, “valemadristas”,  mercenarios, o póngale usted el adjetivo que quiera,  quien invada un lugar  inmerecidamente.

Gran error si quienes participaron en esta gran cruzada nacional y estatal, no son incluidos en la siguiente etapa de la regeneración del país y de Veracruz. Quienes desde siempre han participado en la izquierda, en la protesta ciudadana, en la lucha permanente a través de las ONGs; en las organizaciones civiles, campesinas, urbanas. Quienes desde diversas trincheras de la crítica, de   la  construcción de opinión pública comprometida. Quienes han mantenido las banderas en alto de la dignidad social, de la defensa del entorno ecológico;  quienes le han dado  voz a los grupos históricamente excluidos. Hoy, estas expresiones de la sociedad, le han entregado el poder  a un hombre, para que se haga  justicia en todos los ámbitos de la vida pública, pero también exigiendo que los búfalos,  sean ubicados en los corrales mefíticos donde   se han apilado siempre.   Los espacios de la administración pública, deberán  corresponder a aquellos cuadros, que no solo  por coyuntura lo merecen, sino además deben estar ahí por  congruencia, convicción, historia, capacidad y  preparación. Es la hora de  la inclusión, de la oportunidad para  construir  un nuevo entorno social, que con capacitación y programas  económicos locales,  modifiquen su ambiente y  siembre  bienestar, y otro nivel de vida,  que debe ser el mínimo derecho de todo ciudadano,  el disfrute a una elemental justicia económica y social. De esta manera se estaría perfilando la 4ª transformación nacional, con plena justicia social.