La adelantada designación del ex secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, Manuel Bartlett Díaz, como director de la Comisión Federal de Electricidad, es una de las decisiones lópezobradoristas más polémicas en el régimen que está por empezar. Este lunes se indicaba, incluso, que otros mexicanos prominentes, sin importar que pertenecieran al PRI o al PAN, podrían también recibir encargos similares.

En realidad, así debería ser. Lo que debe importar son los méritos, las capacidades, la preparación la vocación de servir y la honestidad de los ciudadanos, no las adscripciones partidistas. Eso sería avanzar hacia la conformación de una ideología en el servicio público, donde el único interés sea el de la nación. Si se inserta a cualquier priista o panista como servidor, dentro de un marco de legalidad, austeridad y transparencia, como pretende Andrés Manuel, nada habría que temer.

Pero sí hay que aprovechar el talento de quienes lo tengan.

Por lo que respecta a Bartlett en la Comisión Federal de Electricidad, ¿alguien puede negar que se requiere de una mano firme para meter al orden a un sindicato corrupto y a unos trabajadores con privilegios, canonjías y prestaciones que son ofensivas para el resto de los mexicanos?