Enrique Peña Nieto regresó al PRI a Los Pinos en una bien orquestada sinergia candidato-partido y grupos de poder para retornar a la presidencia de la república; aunque se temía una Restauración, durante los dos primeros años todo fue miel sobre hojuelas: la cúspide se cristalizó en la Reformas Estructurales aprobadas por las fuerzas partidistas: PRI-PAN-PRD al unísono. Previamente habían silenciado el escabroso tema de la inseguridad pública siguiendo la táctica del “lo que no se ve no existe”. Pero el monstruo allí estaba y cual volcán en erupción estalló en Ayotzinapa, luego en Tlatlaya, casi al parejo eructó lo de la Casa Blanca, se conmovieron los cimientos y todo se derrumbó. Ahora, ya en el ocaso de Peña Nieto siete de cada 10 mexicanos desaprueban su gobierno. La mejor constancia es la pérdida de las elecciones. Bien decían los romanos: Sic transit gloria mundi: “Así pasa la gloria del mundo”