Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

Exactamente igual que su antecesor hace dos años, el todavía gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, no quiere darse cuenta de su verdadero estatus: el de la derrota política.
Ya sin la careta de bonhomía electorera del primer semestre de 2018, el yunismo se revuelca en los mismos lodos que el duartismo hace dos años. Pero reacciona con mucho mayor virulencia, acorde con el violento temperamento del mandatario saliente.
La noche de este lunes 16 de julio se escribió uno de los episodios más vergonzosos que serán recordados del bienio yunista. Cansados de que el gobierno estatal les diera largas para pagarles adeudos por un total de 400 millones de pesos, contraídos desde la administración de Javier Duarte, un grupo de pequeños empresarios se presentaron en la sede del Poder Ejecutivo estatal y solicitaron una audiencia con su titular, quien a pesar de encontrarse en el edificio, no se dignó ni a contestar la petición.
Tras varias horas de espera, estos empresarios, encabezados por Alejandro Cossío Hernández y Jesús Castañeda Nevárez, decidieron emular las acciones que dos años antes emprendieron alcaldes del PAN y el PRD para solicitar al gobierno estatal exactamente lo mismo, el pago de adeudos: pernoctar afuera de la Oficina del Gobernador del Estado hasta que hubiera una respuesta.
Y la respuesta fue el garrote: elementos policiacos desalojaron por la fuerza a los empresarios -entre quienes había varias mujeres-, entre insultos, golpes y hasta amenazas de muerte, según aseguraron.
Gran diferencia con lo acontecido dos años antes, cuando a finales de 2016 los alcaldes panistas y perredistas –comandados por el boqueño Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del entonces gobernador electo, y que ese día inició su malograda campaña a la gubernatura- se quedaron varias noches en los pasillos de palacio de gobierno, montando una grotesca “pijamada” que ellos llamaron de “defensa de la democracia”. Sin que nadie les tocara ni un pelo.
A ese show se unió, con los mismos objetivos propagandísticos, el que en aquel momento era dirigente nacional panista y también buscaba ser candidato, sólo que presidencial: Ricardo Anaya Cortés, quien terminó compartiendo suerte con Yunes Márquez: la derrota electoral.
La excusa de la administración de Yunes Linares para recurrir a la violencia el lunes pasado fue por demás frívola: que “las gestiones de cobro se hacen en la Secretaría de Finanzas y Planeación”. ¿A poco en 2016 esas mismas gestiones no se hacían también en esa misma dependencia?
A la ausencia de memoria y la incongruencia mostrada por este desastroso gobierno hay que sumar su talante autoritario y revanchista. La tarde de este martes 17 de julio, le fue notificado a uno de los empresarios quejosos, Alejandro Cossío –quien por cierto es ex diputado local del PAN y ex delegado de la Secretaría de Economía en la entidad en el sexenio de Vicente Fox- que está citado a comparecer en la Fiscalía General del Estado el próximo jueves 19 de julio en carácter de investigado, “por la probabilidad de que cometió o participó en la comisión de un hecho que la ley señala como delito”.
Alejandro Cossío asegura que desde el mismo lunes fue amenazado con ser denunciado por motín. Y que lo que en realidad buscan citándolo a declarar es tenderle una emboscada y librar orden de aprehensión en su contra el mismo jueves, para meterlo a la cárcel por atreverse a retar al gobernador, al que le quedan cuatro meses en el cargo.
Pero parece que no se han dado cuenta que perdieron las elecciones. Por enésima ocasión, la “autónoma” Fiscalía de Jorge Winckler se prestó a ser reducida a vergonzoso ariete de las venganzas de Miguel Ángel Yunes Linares. Y así, todavía quieren imponer fiscal anticorrupción y magistrados del Poder Judicial estatal.
Está de más decir que el yunismo no se diferencia en nada del duartismo. Igual de abyectos. Igual de corruptos e ineptos. Y de seguir como van, puede que compartan el mismo destino penal. Por lo menos en las urnas, ambos ya fueron juzgados. Con la misma vara.

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