Asombra la difusión de la actitud de un candidato electo a la presidencia de México, como si fuera acto inusitado, de increíble factura. En efecto, el excesivo acento en la reunión entre un presidente en funciones y un candidato ganador a sucederlo es debido a que todavía no adquirimos total conciencia de la defunción del antiguo régimen y de nuestra convivencia con un nuevo régimen en el cual el peso de las instituciones empieza a prevalecer. De igual manera habremos de acostumbrarnos a exigir el cumplimiento de ofrecimientos de campaña con la misma determinación con la que depositamos nuestro voto y, además, a diferenciar entre quien fue candidato y quien por la fuerza del voto se convierte en presidente, ya no más discurso contestatario ni respuestas personals, tal es el peso de las instituciones y de la responsabilidad de quien las tiene a su cargo.