CAMALEÓN

Por Alfredo Bielma

En el año 2000 la votación obtenida por la Alianza por el Cambio, compuesta por el Partido Acción Nacional (PAN), y el Verde Ecologista (15 millones, 989 mil 636 sufragios) indicaba que la ciudadanía mexicana había decidido optar por otro partido en la presidencia de la república, pues el PRI quedó con 13 millones 579 mil 718 de votos y el PRD, en alianza con Convergencia y el Partido del Trabajo apenas alcanzaron a juntar 6 millones 536 mil 780 votos.

Tras la derrota hubo intentos para poner en la presidencia del PRI al candidato perdedor, Francisco Labastida Ochoa, pero fue frustrado por quienes atribuían culpas de la derrota a Zedillo, quien decidió salomónicamente dejar a Rosa María Sauri “para aprovechar su experiencia”. Argumentos para explicar la derrota: el PRI ya no se identificaba con las causas populares; fue consecuencia por haber incrementado la tasa del IVA del 10% al 15%; el pueblo no olvidó la aprobación del Fobaproa y la privatización de importantes empresas paraestatales como Ferrocarriles Nacionales y el proceso de desmantelamiento de la petroquímica nacional. Era necesario hacer cambios en la estructura partidista y los procedimientos para designar a las dirigencias.

“Que la maña no atropelle a la inteligencia y a la sensibilidad. Seamos por fin capaces de asumir con humildad la elección de la sociedad a la que queremos representar y servir”, decía Roberto Madrazo como gobernador priista de Tabasco al exhortar al priismo el cambio de actitudes… Se tiene la posibilidad de reconstruir al partido desde la oposición y regresar, sin ataduras democráticas a la vanguardia del cambio nacional”.

Decía más Madrazo: “…Miles de ciudadanos se hartaron de la simulación, la cerrazón de espacios reales de participación y la defensa ciega de políticas y decisiones impopulares… miles de priístas se han cansado de llevar a cuestas las carreras políticas de arribistas y simuladores…se debe reconocer y apremiar la democracia interna y legítima aspiración de los militantes priístas.” El Consejo Político “¿De qué nos sirve si es nombrado desde la cúpula? …El PRI no puede seguir siendo patrimonio de un grupo. Esa concepción nos costó muy cara. Sería aberrante obstinarse en preservar los viejos moldes”.

Fernando Gutiérrez Barios abonaba: “… La cultura del simulacro, la falta de consistencia ideológica, el acomodamiento por interés, una actitud de exclusión y no de inclusión, y la carencia de ética en el ejercicio de los principios de nuestra filosofía política de democracia y justicia social”, frente a un “electorado irritado” dio al traste con el PRI…. “Debemos reconocer que el voto nos fue adverso y tener la sabiduría para poder interpretar a una sociedad donde predomina demográficamente el voto de una juventud que llegó al hartazgo por una serie de errores que se acumularon en el ejercicio del poder. “Los priístas nos acostumbramos a respetar lo que se calificó como “ortodoxia” y que a la postre llevó al partido a su más severa derrota histórica”.

Todavía seis años antes el PRI había ganado la presidencia, la Cámara de Diputados, el Senado, la Asamblea legislativa del D.F. Pero había PRI en el territorio nacional pues gobernaba 20 entidades federativas, aunque Zalazar Mendiguchía, ya ex priista, le competía Chiapas apoyado por nueve partidos coaligados, Ricardo Monreal le había ganado en Zacatecas y Alfonso Sánchez, en Tlaxcala.

Roberto Madrazo ascendió a la presidencia priista llevando a Elba Esther Gordillo en la Secretaría General, y según Madrazo el PRI ‘ya tenía medio cuerpo en Los Pinos’. Y fue candidato a la presidencia en 2006… y el PRI perdió, teniendo como fondo “Los Demonios del Edén”.

Lo explica Madrazo: “no tenía por qué ser descalabrado en las elecciones presidenciales del 2006. Teníamos más que en el 2000. Más municipios, mucho más fuertes, más importantes. Más diputados, más congresos locales. Llegamos a tener mayoría legislativa en 22 de los 32 congresos locales de la república. O sea, el PRI estaba en una posición inmejorable con la aplicación del Plan Nacional de Elecciones”. Así lo confiesa en sus respuestas a Manuel S. Garrido en el libro “La Traición”. ¿Qué pasó? Fue relegado a la tercera posición como fuerza electoral. Madrazo solo alcanzó 9 millones 301,441 sufragios; cuatro millones menos que Labastida en 2000. “Roberto Madrazo no ganó en ningún Estado de la República, ni aún en los 17 en los que gobernaba el PRI. La Alianza que hicieron el PRI y el PVEM logró el 22.26% en la elección presidencial, lejos del 35.89% del PAN y del 35.33% de la Coalición Por el Bien de Todos”. (El Fin de una Era).

El desastre: el PRI sólo ganó en 60 de los 300 distritos electorales contra 99 de la Coalición “Por el Bien de Todos” y 139 del PAN, (sumados a los de representación proporcional los diputados priístas fueron 106). En 12 de estos no ganó un solo distrito. “Para el Senado el PRI sólo ganó la primera mayoría en 5 Estados, en tanto que el PAN resultó vencedor en 16 y la Coalición “Por el Bien de Todos” en 11. El PRI redujo su número de Senadores de 58 a 33; el PAN lo aumentó de 47 a 52 y la Coalición de 15 a 29. Un desastre electoral para el PRI que no obtuvo mayoría de votos ni en los Estados gobernados que gobernaba. La historia de traiciones en esta elección las narran en sendos libros Roberto Madrazo y Manuel López Obrador.

De nuevo hubo reacciones en el PRI, se buscaron culpables, los hubo sin duda; traidores, también. Pero el PRI tenía arrestos para reaccionar, gobernaba la mayoría de los Estados, actores políticos con espolones para resurgir; se reorganizó y ¡Ave Fénix! Surgió de sus cenizas. Ahora ni pío dicen, están anonadados, no hay liderazgo visible con capacidad de convocatoria, sin propuestas, acaso sin ánimos. ¿Veremos un PRI renovado? Está en terapia intensiva y los síntomas no permiten augurios optimistas.

alfredobielmav@nullhotmail.com

13- julio- 2018