La cúpula priista nacional se reúne para buscar culpables de su derrumbe histórico y repite escenarios ya experimentados en 2000 y 2006, a la vez eluden admitir que son causa y efecto de la crisis en donde instalaron al PRI. Caso parecido aunque no igual ocurre en el PRD, cuyo bastión principal, la CDMX, pasó a manos de MoReNa, su alter ego de izquierda, pero aquí la crisis es de dimensiones existenciales pues transitan bajo el riesgo de perder el registro. Aunque en circunstancias muy diferentes a las del 2000 y 2006 el PRI debiera utilizar esta debacle como catarsis para su regeneración; mientras el PRD, si salva el registro, su lugar estará entre el pedacero partidista que logre permanecer en la nómina del INE, porque se duda que en el PAN lo quieran tener de nuevo como socio principal.