Prosa aprisa

Por Arturo Reyes Isidoro

¿Si usted fuera diputado local, hubiera intentado reelegirse y no lo hubiera logrado por lo que estaría a punto de irse, pero de pronto surgiera la urgencia de aprobar una propuesta de última hora del gobernador en turno y si fuera necesario para ello le ofrecieran pagarle (sobornarlo) cinco, siete millones de pesos o más, y darle aparte posiciones políticas y administrativas, los aceptaría en lugar de escuchar a un nuevo gobernador que le pidiera que no lo hiciera en interés de los veracruzanos?

Parece que en el Congreso local algunos han preferido llenar la alforja y colocar bien a familiares y recomendados y estarían a punto de ceder, o ya han cedido, para aprobar sólo al Fiscal Anticorrupción, aunque no a nuevos magistrados. Al final, a la administración saliente lo que le interesa es protegerse, blindar su salida, por lo que todo su esfuerzo estaría centrado ya en sólo ese tema.

Para la próxima semana, de hecho la última completa de julio, antes de que termine el actual periodo ordinario de sesiones, podría salir el nombramiento del Fiscal Anticorrupción, aunque tampoco sería raro que los que sí han aceptado o van a aceptar sus “chocolates” se hicieran los remolones para alargar más la espera quien quita y les aumentan el monto y las posiciones.

Ese era el panorama hasta anoche en el Congreso. Si los azules logran salirse con la suya, tendrán durante los próximos nueve años a un fiscal que les cuidará las espaldas ante posibles señalamientos por malos manejos. Sus cañones estaban llenos de polvora para seguir disparando si fuera necesario ante una batalla crucial para ellos. Incluso no se descartaba un albazo, esto es, que sin avisar más que a los diputados que necesitan convocaran a sesión a la hora menos esperada y en petit comité se comieran su tamal.

A estas alturas del partido, lo de los magistrados para llenar vacantes en el Tribunal Superior de Justicia pasó a segundo término y todo indica que ya no habrá tiempo para sacarlos adelante.

Cuitláhuac buscará la reconciliación

En los primeros minutos del 2 de julio, casi enseguida que el Órgano Público Local Electoral (OPLE) había dado a conocer los resultados preliminares que lo daban como triunfador en las elecciones que habían terminado horas antes, Cuitláhuac García salió a dar su primer mensaje y entre las primeras cosas que dijo fue que gobernará sin rencores y sin actitudes de venganza y que propiciará la reconciliación entre todos los veracruzanos aunque no tengan la misma ideología política.

En mi caso me sorprendió gratamente escucharlo porque en este espacio dije en más de una ocasión que Pepe Yunes era el único que podría realizar esa tarea con éxito; que hacía falta unificar y re-unificar a los veracruzanos y devolverle la paz social a Veracruz que se había perdido con los últimos gobiernos; que los veracruzanos ya están cansados de tantos pleitos políticos entre grupos y que la vida productiva estaba estancada a causa de ello, entre otras cosas.

Hoy el Estado tiene ya dos gobernadores, el constitucional Miguel Ángel Yunes Linares y el Electo Cuitláhuac García Jiménez y en apenas veinte días se empieza a notar la diferencia en el modo de actuar en uno y en otro, creo que al final con una renovada esperanza por parte de la población de que las cosas cambiarán para bien con quien entrará en funciones el próximo 1 de diciembre.

El actual está cerrando su administración en medio de la polémica y el enfrentamiento con empresarios de Xalapa y reclamos a la prensa, que no auguran un final armonioso entre sociedad y gobierno.

Ayer, en una declaración de prensa para mi gusto desafortunada, dijo que empresarios que reclaman pagos atrasados y que se habían instalado en plantón en el interior del Palacio de Gobierno “quisieron hacer su show y lo lograron”, y entonces siguió el reproche a un compañero reportero a quien reclamó haberle dado “vida” al hecho en Televisa.

Antes despotricó contra varios de los que se habían manifestado sin mencionar sus nombres y los acusó de complicidad con funcionarios del gobierno anterior. No presentó pruebas y se atuvo sólo a su dicho. Tampoco justificó por qué hasta hora dijo lo que dijo y por qué luego de tantos meses nunca salió a decir a los veracruzanos cuál era o es realmente la situación, con papelito en mano, y si sí o si no les va a pagar y a cuántos y cuánto, aunque al inicio de su administración había dicho que sí lo haría.

Lo que me parece preocupante es que se haya molestado porque el reportero informó lo que estaba pasando. Incluso si los empresarios estaban haciendo un verdadero show, si hasta se hubieran vestido para ello de payasos y hubieran sacado bombo y platillo, era obligación de mi compañero periodista registrarlo e informarlo, decírselo a los televidentes. La materia prima de todo periodista es la noticia y no tiene por qué reparar en su trabajo porque haya partes en conflicto.

Un señalamiento así desde el poder es una forma velada de censura y acaso hasta de intimidación. Lamentable en verdad. De paso, expreso a Pedro Morales Luis mi solidaridad.

El Gobernador Electo, por su parte, ha empezado a “pueblear”. Estuvo en Alvarado, Acayucan y Jáltipan y busca el acercamiento con los sectores de la población en su deseo de reconciliar a los veracruzanos; los atiende, los escucha. Busca, en el lenguaje burocrático, restablecer el tejido social roto y muy dañado por los últimos gobiernos. Exhortó de nuevo a los diputados locales a no aprobar al Fiscal Anticorrupción ni a los nuevos magistrados, y dijo que atenderá a los empresarios que están reclamando pagos.

Hasta donde tengo información, la conformación del equipo que lo acompañará durante los próximos seis años será incluyente, en el que tendrán cabida veracruzanos de las más diversas corrientes e incluso hasta de otros partidos políticos, todo lo contrario a los dos últimos gobiernos, el que se va y el inmediatamente anterior, en los que grupos muy cerrados acapararon el ejercicio del poder público para beneficio de sus intereses.

Se da por descontado, de acuerdo a lo que se va sabiendo, que se van a ir todos los improvisados que llegaron al actual gobierno, que ocupan puestos directivos sin tener el perfil adecuado, así como también todos los que fueron contratados sólo para hacer campaña a muchos de los cuales nunca los han visto en alguna oficina (empleados me han comentado que los que se van, ahora sí muy amablemente los están llamando para decirles que estén tranquilos, que no los van a despedir, y que están pidiendo ya las renuncias de quienes llegaron con ellos).