Por Diego H. Arrazola

@DiegoEArrazola

Tras la larga y oscura noche del periodo neoliberal, bajo las siglas del PRI, del PAN (PRIAN) y aliados de ocasión, en estas elecciones el 53% de los votantes decidieron que el Proyecto Alternativo de Nación de Andrés Manuel López Obrador sea el que habrá de implementarse en los próximos meses, y el presidente electo y su equipo trabajan ya en ello.

En Veracruz, la voluntad popular también arrojó al triunfo a Cuitláhuac García Jiménez como gobernador,  enviando claros mensajes a la élite del PRIAN, quizás siendo el más visible el mensaje de que aquí no se acepta ya la herencia del poder. Asimismo, los veracruzanos depositaron su representación en el poder legislativo en mayoría a Morena.

Este deseo urgente de cambio se percibe también en la organización y reorganización de varias agrupaciones campesinas, obreras, de derechos humanos, pensionados, ambientalistas, profesores, y de todos aquellos vejados por el antiguo sistema, exigiendo a escasos días de apenas haber recibido sus respectivas constancias de mayoría, la intervención inmediata en lo que a sus respectivos temas corresponde.

Y no es fortuito o gratuito: los gobiernos del PRIAN y aliados de ocasión dejaron mucho que desear y quedaron mucho a deber. Ahora, si bien la amplia mayoría popular legitima este cambio, lo hace con la espera de ver cumplidos sus anhelos, que en suma serían los de otro Veracruz: uno próspero en lo económico, de igualdad y justicia, de respeto y de cambios radicales en las formas en que se había administrado la cosa pública en el estado. Para ello se votó como se votó, y gran parte de la gobernabilidad del nuevo Veracruz dependerá de cómo logre cada uno de sus objetivos planteados.

Esperemos que así sea, que ahora sí contemos con una real y eficaz separación de poderes, que el Ejecutivo se rodee de un equipo sólido y experimentado, y que la participación ciudadana obligue el cumplimiento de sus justas exigencias.

Faltan un par de meses para ver los cómos en acción durante seis años, ojalá suceda como lo planteado, pues más allá de filias y fobias, si le va bien a Veracruz, nos va bien a todos.