Por si acaso…
Por Carlos Jesús Rodríguez

*Una burla cambiar nombre al PRI

*PRD: amasiato ácido con el PAN

NO SE hagan bolas…No es un cambio de nombre o, incluso, de siglas lo que necesitan el PRI y el PRD para mantener su vigencia en el concierto político de la nación, sino una innovación de actitud, nada que ver con documentos básicos, programas de acción y estatutos que, a decir verdad, son acordes a los tiempos que vivimos, sino una transformación de quienes los dirigen y militan en ellos. En ambos institutos –al igual que en el PAN y en la llamada “chiquillada”- se perdieron los valores, sobre todo la lealtad, a tal grado que la militancia se da el lujo de mudar de piel como las serpientes, a diferencia de que estas últimas lo hacen para crecer, pues su piel no crece al ritmo que el resto de su cuerpo. Los políticos cambian de partido para seguir medrando y viviendo de un presupuesto que todos construimos a fuerza de impuestos y servicios, y con la misma van y vienen, y ahí están casos emblemáticos como el de las hermanas Vázquez Saut que un día están en el PAN, al siguiente en el PRI y posteriormente retornan al “blanquiazul” de acuerdo a sus propia conveniencia o, incluso, de quienes amenazan a sus propios partidos de emigrar si no les otorgan prebendas como candidaturas –plurinominales- como Juan Carlos Molina Palacios, que una vez que tuvo en la bolsa su ambición se olvidó del PRI y del candidato a la gubernatura, o quienes por salvarse abandonan subrepticiamente al partido que todo les dio para dar su apoyo a quienes les prometen inmunidad e impunidad.

DICE CLAUDIA Ruiz Massieu, la flamante Presidenta nacional del PRI que ese instituto está obligado a reflexionar sobre las causas que influyeron para obtener el resultado en la pasada elección, donde los votantes fueron claros al rechazar el proyecto que propuso el tricolor, pero se rehúsa a aceptar que hubo causas más que evidentes que conllevaron a la derrota, entre otras: la corrupción de los ex gobernadores emanados del Revolucionario Institucional y de sus ex colaboradores, muchos de ellos en prisión y otros con carpetas de investigación abiertas; la indiferencia a los grandes conflictos que atañen a las mayorías como la pobreza y pobreza extrema, desempleo, inseguridad y violencia, lo que ha obligado a miles a emigrar a Estados Unidos y Canadá en busca de mejores perspectivas de vida para los suyos. El saqueo ha sido de tal magnitud –y se repite con los gobiernos del PAN-, que las obras prometidas quedaron en promesa, en tanto parte del presupuesto se usa en campañas para impulsar ambiciones de cercanos, incluidos familiares. No es el nombre lo que estorba al PRI en el consenso social, sino la mala actitud de quienes lo han dirigido y, peor aún, de muchos militantes que por fortuna ya se fueron, como Felipe Amadeo Flores Espinosa y Mario Tejeda, ambos de Vía Veracruzana (los viagros para mayores señas), o el engreído ex dirigente juvenil Sandro Francisco Gómez Valdés que renunció al PRI y le prometió 50 mil votos a su nuevo patrón, Miguel Ángel Yunes Márquez que lo ha dejado con cara destemplada y con un sello que difícilmente se podrá borrar: el de la traición a ultranza, como ocurrió con infinidad de “grillos que saltaban de un lado a otro sin el menor recato. Por cierto, la real academia de la lengua define a los “grillos” como: un insecto territorial muy agresivo contra sus congéneres, con los cuales entabla combates, siendo frecuente encontrar ejemplares (sobre todo machos) a los que les falta una o varias patas o con las alas destrozadas por las mandíbulas de un rival. Esta costumbre territorial los ha hecho famosos en Tailandia donde los habitantes locales suelen realizar combates de grillos en pequeños recipientes e incluso realizan apuestas, costumbre que, también, estaba arraigada en la China imperial.

COMO FUERA, Ruiz Massieu – sobrina consentida del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari (es hija del malogrado político guerrerense, José Francisco Ruiz Massieu asesinado en 1994 en la ciudad de México y Adriana Salinas de Gortari)-, ha dicho que durante el periodo de reflexión y diagnóstico se podría discutir y evaluar un eventual cambio de nombre de ese partido, ya que todo se pondrá sobre la mesa, y el tema nos recuerda, precisamente, cuando Salinas de Gortari le comentó al viejo cacique sindical –y eterno líder cetemista- Fidel Velázquez la conveniencia de cambiar el nombre al PRI. Dicen que el marrullero sindicalista miró fijamente al mandatario nacional y sin inmutarse preguntó: -¿y qué nombre se le ocurre ponerle a nuestro partido?- respondió el vetusto Velázquez Sánchez, a lo que Salinas –que había impulsado con éxito el programa Solidaridad, antecedente de muchos otros como Progresa, respondió con cierto beneplácito: -mire don Fidel, creo justo, dado el acogimiento que ha tenido nuestro programa, llamarlo Partido Nacional de la Solidaridad, ¿no cree usted?-. Fidel Velázquez guardó silencio unos segundos y acto seguido, embozando una ligera sonrisa contestó al jefe de la Nación: -está muy bien señor Presidente, aunque veo un inconveniente. Se imagina usted y los mexicanos decirle a su mujer, ´vieja vota por PeNe S´-. Ambos rieron de la ocurrencia y ahí terminó la necedad de Salinas que quería pasar a la historia como el cuarto que dio nombre al partido emergido de la Revolución Mexicana, pues como bien se recuerda, Lázaro Cárdenas eliminó la estructura del antiguo Partido Nacional Revolucionario (PNR) creado por Calles con la suma de todos los grupos desbalagados tras la lucha armada, pero el Partido de la Revolución Mexicana sólo participó como tal en las elecciones presidenciales de 1940, apoyando la candidatura de Manuel Ávila Camacho, ya que el 18 de Enero de 1946, el general y el entonces recién nominado candidato presidencial, Miguel Alemán Valdés impulsaron su transformación para llamarlo como hasta ahora, Partido Revolucionario Institucional.

EN EL PRD, que es producto de una escisión del PRI y el aglomeramiento de la izquierda andan por el mismo rumbo, a tal grado que el actual dirigente de la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN), Alejandro Sánchez Camacho dice que los resultados en las recientes votaciones han ocasionado en ese instituto una convulsión en la que ya se plantea la refundación que incluya un cambio de nombre y logotipo, la desaparición de las corrientes de expresión y la cancelación del frente que conformaron con el PAN y MC, y sin duda, esto último fue lo que dio al traste con lo poco que quedaba de ese instituto, pues del naciente amasiato con la derecha que se vio reflejado en triunfos en varios estados no obtuvieron beneficios y solo migajas como ocurrió en Veracruz; los perredistas se volvieron centaveros, inescrupulosos y engreídos, en pocas palabras los mareó el remedo de poder que ejercieron, y la militancia les pagó con la misma moneda. Por ello cambiar el nombre al “Sol Azteca” no remedia nada si no cambian, realmente, de actitud y hasta de dirigentes. Así de simple. OPINA carjesus30@nullhotmail.com