Poco vivirá el que no atestigüe la salida, en este mismo año o en los primeros meses del siguiente, del fiscal general del Estado, Jorge Winckler Ortiz. Los mejores pronósticos no lo favorecen y la diputada de Morena, Guadalupe Osorno Maldonado, se lo acaba de adelantar cuando habló de la posibilidad de fincarle un juicio político.

Osorno cita lo que es una versión a voz alta en los ámbitos políticos y jurídicos: Winckler se ha querido pasar de listo; ha empleado el poderoso instrumento que es la Fiscalía para someter a los enemigos del régimen, pero de manera burda, sin delicadeza ni profesionalismo. Ha hecho de una institución de buena fe, consagrada a procurar la protección de los derechos fundamentales, un ariete político.

Despidió a cientos de empleados experimentados, les dio trabajo a otros bisoños que lo han metido en una cadena de dislates para procesar a los ex funcionarios duartistas y poco a poco se le están revirtiendo sus maniobras que no son jurídicas, sino maquiavélicas. Ha atentado contra una institución que debe ser intocable, como la defensa, pretendiendo intimidar a los abogados para que dejen de realizar el trabajo que no le conviene,  para quedar bien con el gobernador.

Es decir, está dando malos resultados (por ejemplo en el tema desaparecidos), los juicios contra funcionarios corruptos se le pueden caer y no tiene ni el respeto de la comunidad jurídica para que siquiera opine a su favor.

Si lo anterior no es suficiente, sí lo es que Morena tendrá mayoría absoluta en el Congreso y que sus inminentes diputados no consideran que el frívolo señor Winclker represente la calidad y honorabilidad que requieren los veracruzanos.