Miguel Ángel Yunes Linares debe renunciar, pero no sólo como consecuencia del maltrato de este lunes a los empresarios, que es un tema sumamente grave de prepotencia y abuso de la fuerza, aunque por fortuna la sangre no llegó al río, sino porque a él mismo se le harán insoportables los meses que faltan para que concluya su bienio.

Además, porque va a ser humillante que tenga que entregar el poder a una persona que menospreciaba, y luego retirarse al ostracismo, habida cuenta de que hoy está más solo que nunca y quizá esta haya sido, por la edad, la última oportunidad que tuvo para disfrutar las mieles del poder.

La audaz protesta de los empresarios desencadenará las de otros grupos sociales, que no desaprovecharán la oportunidad para refregarle las promesas incumplidas, las expectativas exageradas, la escasa sensibilidad para dar atención a las inconformidades, ya no se diga para responder con hechos.

Acaso aún aspire a ocupar un lugar destacado en la Historia, y lo hubiera logrado de no haberse empeñado en heredar el poder a su hijo, tarea en la que se granjeó la antipatía de numerosos ciudadanos, que finalmente pudieron dar al traste con sus pretensiones, pese a la cooptación de votos que realizó con dinero del propio erario.

Una renuncia a tiempo evitará muchos disgustos a los veracruzanos y a él mismo.