OPINIÓN
Por Mario Javier Sánchez de la Torre

Uno de los proyectos que está causando polémica de la administración federal entrante, es sin lugar a dudas la descentralización de las dependencias que integran el Gobierno Federal.

Acción que no es la primera vez que se tiene como proyecto, pero todo indica que en esta ocasión se tienen todas las intenciones de levarla a cabo.

Los objetivos que se persiguen son hasta donde se sabe totalmente positivos, tanto para el sector gubernamental como para la población de este país, solo que dentro de los problemas a superar que desde este momento se aprecian de tan importante descentralización, hay dos bastante difíciles de resolver. Por una parte tenemos el costo que implicará, así como también el tiempo que se requiere para concretarla, para la administración que encabezará Andrés Manuel López Obrador. Sin tomar en cuenta las situaciones que esto producirá en las entidades federativas a donde vaya cada dependencia. Analizando esta descentralización desde un ángulo muy general, sin entrar en el detalle que obviamente se tiene que atender y resolver que es el de los trabajadores sindicalizados y de confianza de cada institución y el problema que el traslado de éstos provocará en las ciudades a donde tengan que llegar. Y lo principal, el tiempo que cada secretaría, organismos autónomos, descentralizados y demás estarán trabajando por abajo del ritmo que acostumbran mientras llega a su fin esta gran operación gubernamental.

Como puede apreciarse en este somero análisis sobre el importante asunto la cosa no está fácil, tanto en el aspecto del traslado desde el punto de vista de todo lo material (bienes muebles y personal), como la interrupción de actividades.

Como antecedentes de este tipo de descentralización podemos citar dos: el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI), si mal no recuerdo a la ciudad de Querétaro y el desaparecido Instituto Mexicano del Café (INMECAFE), a esta ciudad de Xalapa.

Por lo que corresponde al INMECAFE, además de construir las oficinas de la dependencia en los terrenos que ahora ocupa una estación expendedora de gasolina y la tienda COTSCO, también se construyó la Colonia INMECAFE, que de alguna forma puede considerarse inició el desarrollo de Xalapa, hacia esa zona de esta capital. Independientemente de la demanda de departamentos y casas para renta la llegada de sus empleados causó en Xalapa, ciudad bastante pequeña en aquellos años, los sesentas, setentas. Lo que de alguna forma transformó la pequeña capital veracruzana y que no pudo considerarse un error pues Veracruz es uno de los principales estados productores de café del país.

Pero pasando al aspecto operativo de la importante dependencia, independientemente que funcionó como funcionaban todas las instituciones gubernamentales federales del sector agrícola en esa época, siempre conservó una importante oficina en el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, que supuestamente era la delegación del Instituto en la capital del país, pero que en lo operativo y en lo político, tenía como es lógico una importancia que la sede del INMECAFE que eran las instalaciones de Xalapa, no tenían. Lo que provocaba que la mayor parte del tiempo, tanto el director, como los subdirectores y algunos jefes de departamento, tuvieran que estar viajando constantemente al D.F. y en ocasiones y algunos casos vivir allá. Situación que causaba un gran gasto en el renglón de los viáticos. Lo que narró en este texto es parte de lo que me tocó vivir como jefe de prensa del INMECAFE, durante la dirección de Gamas Torruco, Jesús Salazar Toledano y Juan José Rodríguez Pratts.

Esta era la situación que se vivía entre los años ochentas y noventas en la importante Institución, antes de que Salinas de Gortari ordenara su desaparición. Lo que no quiere decir que vaya a suceder lo mismo con las oficinas federales que sean descentralizadas, pero el riesgo existe. Hasta el lunes.

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