Política para no iniciados
Por Jorge Flores Martínez

En 1988 voté por primera vez y recuerdo, casi perfectamente, a Bartlett exponiendo en cadena nacional que el sistema había tenido problemas y no se podían dar los resultados electorales que todos los mexicanos esperábamos expectantes frente a los televisores en nuestros hogares. Horas más tarde, ya con el fraude perfectamente consumado, el mismo Bartlett anunciaba que el PRI había ganado la presidencia.

Eran los tiempos de la televisión y todos los medios controlados por el Estado, el guión de cualquier evento era enviado desde la Secretaria de Gobernación, previa autorización de Los Pinos. Los mexicanos tuvimos que tragarnos la infamia del fraude, aceptar estoicamente a nuestro nuevo presidente y someternos al poder. A ese poder del PRI autoritario y monolítico, a ese PRI de la matanza de Tlatelolco, al del infame Luis Echeverría, al del desastre económico de López Portillo, al del indiferente De la Madrid, al del revolucionado Salinas.

Ese mismo PRI sin principios democráticos, el PRI patrimonialista y corrupto, el PRI corporativista de carro completo, ese PRI que en 1988 decidió manipular una elección y pasar por vencedor indiscutible. El PRI donde Manuel Bartlett militó cómodamente sin cuestionarlo ni con el pensamiento de un tímido cuestionamiento.

Ahora, 30 años después, vemos al mismo Bartlett cínico y prepotente. Una vez nos hizo fraude, hoy no nos podemos llamar defraudados, estoy convencido que saben que casi lo exigimos en las urnas.  Ahora este personaje se encargará de la Comisión Federal de Electricidad. Nuestro próximo presidente lo convoca, nos dice que él es el mejor, que no tengamos miedo.

Me entristece el silencio de muchos de los seguidores de López Obrador, es ese mismo sentimiento de 1988 cuando se robaron la elección, pero ahora ese sentimiento no es por Bartlett, es por nosotros los mexicanos que estamos educados para obedecer sin alzar la voz ni cuestionar nada.

Quizá se nos olvido o lo más probable es que nunca lo aprendimos, la democracia no es obediencia y silencio, por el contrario, es expresión, es no callar lo que no nos parece, lo que nos ofende y es inaceptable, sin importar partidismos o liderazgos.

Solo encuentro dos causas por las que López Obrador se atreve a designar a este impresentable personaje en tan importante cargo; La primera, es que solo está midiendo sus grados de maniobra máximos en los que se pueda mover, los límites hasta donde su base electoral no reaccione negativamente. Lo peor, es que ya sabe que tiene la obediencia y el silencio casi total de su mayoría; La segunda causa, que su designación en PEMEX pase desapercibida, Bartlett es demasiado ruido y puede ser una pieza reemplazable. La que le interesa a López Obrador es la de su amigo, el Ingeniero Agrónomo, Octavio Romero en PEMEX. Son nuevamente los tiempos del amiguismo sin pudor, no del mejor hombre o mujer posible, son los tiempos del amigo de lealtad comprobada, de obediencia y silencio total.

Mientras tanto, a todos los mexicanos nos toca obedecer y callar, esa es la cuarta transformación, la transformación que nadie quería pero la mayoría votó.

Nada bueno se puede desprender de Bartlett en CFE y Romero en PEMEX. Las empresas más importantes de nuestro país serán dirigidas por dos personas que no tienen la menor idea de la transformación energética del siglo XXI, las enormes complejidades mundiales, el cambio a las energías renovables y el cambio climático les son absolutamente ajenos, no los entienden ni los entenderán.

Bienvenidos al PRI, a ese que a muchos nos defraudó la primera vez que votamos en nuestra vida y que ahora, por lo que se puede ver, lo volverá a hacer.

Jorgeflores1mx@nullme.com

Twitter @jorgeflores1mx