Manuel Velasco Coello debe ser un operador político fuera de serie en el mundo para que sea gobernador de Chiapas, presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, senador de la República y coordinador de la fracción parlamentaria del Partido Verde en el Senado, todo ello al mismo tiempo. Si no fuera así, es quizá porque un estado tan grandioso como Chiapas acaso no tenga otros políticos con talento, inteligencia y capacidad para desempeñar las tareas importantes.

De manera insólita, Velasco ha construido una urdimbre jurídica que empezó por haber sido inscrito, siendo gobernador, en el número dos de la lista de candidatos a senadores por la vía plurinominal nacional por el Partido Verde Ecologista de México. El Verde alcanzó dos senadurías, por lo que la segunda fue para él. Luego ordenó modificar la Constitución local para poder renunciar a la gubernatura, lo que hizo para asumir la senaduría, y poder regresar como gobernador sustituto (de sí mismo).

Así que fue, rindió protesta en el Senado, solicitó licencia de inmediato (sólo estuvo un día en el cargo) y ahora regresará a gobernar a los chiapanecos, que seguramente lo adoran como para permitirle esa clase de trastupijes, que más huelen a descaro, falta de ética y cinismo, que a una carrera valiosa para el bien público. Lo más inconcebible es que las autoridades electorales le hayan permitido ser inscrito para senador, a pesar de estar desempeñando otro cargo público tan importante.

Protector de los Herrera Beltrán Borunda, Velasco Coello es un espécimen de los que deben desaparecer de la política mexicana.