Opiniones y Comentarios

Julio Ricardo Blanchet Cruz

diariolibertad@nullgmail.com

 

El que a la poderosa maestra chiapaneca la hayan puesto en libertad, ya en lo oscurito de la nochecita y a una horas de que oficialmente tuviéramos dos Presidentes, suponedse un arreglo del saliente Peña Nieto y el entrante López Obrador, para que el segundo no variara en su proclama de Amor y Paz…

Dicen que también acordaron meter en cintura a los todavía gobernadores de Veracruz y Morelos, que se pasaron de la raya en contra del ya Presidente Electo.  Y sería bueno preguntarle a Ricardo Anaya si el meterse con Peña Nieto no lo sacó de la jugada, no solo a la presidencia; sino política; cuando menos durante el sexenio.  Y eso si no se reelige…

Porque el poder que tiene el ya Electo lo está convirtiendo en un monarca, en un dictador, que viene siendo más o menos lo mismo.  Pero no hay por qué preocuparse, AMLO será un dictador electo.  Como lo han sido los grandes dictadores de la Historia…

Sus antecesores también fueron dictadores, pero no electos, sino designados e impuestos.  Así que solo vamos a cambiar una dictadura fraudulenta, por una kafkaiana dictadura electa de Amor y Paz como nunca se ha visto en la Historia, más parecida al ámbito religioso, que apegada a Derecho…

Porque si bien el Presidente tiene el poder para indultar, perdonar o hacer lo que le venga en gana; no es lo mismo perdonar la pena a un delincuente que robó una medicina en una farmacia y salió corriendo.  A otro que se robó la misma medicina pero mató al dependiente…

El decirles en Ciudad Juárez a las miles de ofendidas familias que hay que perdonar, es inaceptable y hace evidente una falta de sensibilidad para entender el dolor de esas gentes que es Justicia lo que claman para quienes les quitaron la vida a sus seres queridos…

Como claramente se lo dijeron cuando tuvo el terrible desatino de pedirles que perdonaran -ya supérenlo diría Fox-¡“No! le respondieron.  Sin Justicia no hay perdón”.  “Ni perdón, ni olvido”

Pero como anticipo de lo que nos espera, dijo: “Olvido no; perdón sí”.  Y por si fuera poco, agregó: La violencia no se acaba con violencia, ni el mal con el mal.  La violencia no se resuelve con mano dura, cárceles o masacres…

 

No creo en el ojo por ojo y diente por diente del Talión.  El mal hay que enfrentarlo haciendo el bien; y el fuego no se combate con el fuego”. Yo no creo en esa ley.   No creo en eso…

 

Solo faltó que les echara la bendición y les dijera “Podéis ir en paz”. Pero si mal no recuerdo, la Ley de Talión, palabra derivada del latín Talis, que significaidéntico o semejante –de ahí se deriva la palabra “tal”.  Tal para cual- así que no se refiere a una pena equivalente, sino idéntica…

El concepto de ojo por ojo y diente por diente, viene relatado desde el Código de Hammurabi, escrito aproximadamente 1700 años antes de esta Era -hoy el valioso Código se encuentra en el Museo de Louvre-…

En él está representado el Rey Hammurabi (1810 – 1650) recibiendo de manos de Shamash, el dios del Sol y La Justicia, las 282 Leyes que conforman el Código con el que logró separar la política de la religión y plasmar la presunción de inocencia.  Nada más…

Siglos después, Moisés recibió de manos de don Jehová, solo que disfrazado de zarza ardiendo, los mismos 10 mandamientos que los egipcios conocían mil años antes.  Y ciertamente que también aparece en La Biblia -Levíticos-…

Como de igual manera en La Biblia está descrito “Con la vara que midas serás medido”.  Pero AMLO no creé en esas cosas; es un cristiano originalmente escéptico digno seguidor de $anto Tomás, aquél discípulo que no creía que Jesús hubiera resucitado y quería meter el dedo en sus heridas…  

Por todo lo anterior, y tratando de entender lo que pasa; recordé que La Historia puede darnos luz al respecto, como frecuentemente sucede, ya que el hombre es el único animal muy hecho a imagen y semejanza, pero que se tropieza dos y más veces con la misma piedra y por ello tiende a repetir lo que ya hizo y le salió mal…

Aristóteles (384 – 322) dijo: “El tirano debe revestirse con una apariencia de devoción extraordinaria a la religión.  Los súbditos son menos aprehensivos ante el tratamiento ilegal proveniente de un gobernante a quien consideran piadoso y respetuoso de la divinidad.  Al mismo tiempo, se rebelan menos fácilmente contra él, creyendo que tiene a los dioses de su lado”. 

Y nos vemos mañana, si el Sol me presta vida.