De acuerdo a lo que se observa en el escenario político nacional, después del mandato ciudadano del 1 de julio próximo pasado, el esquema partidista quedó maltrecho y no se advierten signos inmediatos de recuperación en el PAN, mucho menos en el PRI, ya no digamos en el PRD convertido en verdadera entelequia. Dentro de ese descalabro, al PAN le corresponde en lo inmediato desempeñar el papel de oposición eficiente al gobierno entrante, para lo cual debe resolver cuanto antes la sucesión en sus dirigencias, nacional y territorial. Pero enfrenta problemas internos, pues el grupo dirigente desea retener la posición a pesar de las malas cuentas que entrega, ese desgaste permite a sus opositores internos regatearle la ratificación. Cual sea el resultado en ese diferendo la reacción debe ser pronta porque una democracia sin fuerzas encontradas que reflejen el sentir ciudadano corre peligro de ser absorbida por el autoritarismo.