La reina del soul, Aretha Franklin, ha fallecido este jueves en Detroit a los 76 años. Hija de un conocido reverendo, comenzó a cantar en el coro de la iglesia de su padre y sacudió el panorama musical de los 60 al introducir los recursos del góspel en la música secular, con éxitos hoy legendarios como Respect o (You make me feel) A natural woman. Tuvo una vida precoz y turbulenta, con su primera maternidad cuando era apenas una niña, un matrimonio violento y un considerable historial de desavenencias y desdichas. El representante de la artista confirmó el fallecimiento, a causa del cáncer de páncreas que sufrió por primera vez en 2010. Con ella desaparece la última gran superviviente de la era dorada de la música negra estadounidense.

El mundo de la música y la política -el mundo en general- se volcó inmediatamente en demostrar su admiración por el legado que dejó la artista. De Paul McCartney a Elton John, pasando por Barbra Streisand, quien dijo que “es difícil concebir un mundo sin ella. No solo fue una cantante excepcionalmente brillante, sino que su compromiso con los derechos civiles tuvo un impacto indeleble en el mundo”. El expresidente Barack Obama, gran admirador de la estrella, y su esposa Michelle, escribieron que “en su voz, podíamos sentir nuestra historia, toda ella y en cada sombra: nuestro poder y nuestro dolor, nuestra oscuridad y nuestra luz, nuestra búsqueda de la redención y nuestro respeto, duramente ganado”. También el presidente Trump, el expresidente Bill Clinton y Hillary Clinton expresaron su pesar por esta mujer que revolucionó la canción en los 60.


Aretha Louise Franklin (Memphis, 25 de marzo de 1942-Detroit, 16 de agosto de 2018)​ fue una cantante estadounidense de soulR&B y góspel. Apodada como «Lady Soul» (la Dama del Soul) o «Queen of soul» (la Reina del Soul), fue una de las máximas exponentes de aquel género, y una de las más grandes transmisoras de góspel de todos los tiempos, así como una de las artistas más influyentes en la música contemporánea.

A mediados de la década de 1960 se consolidó como estrella femenina del soul, algo que usó en favor de los derechos raciales en Estados Unidos, siendo un elemento influyente dentro del movimiento racial y de la liberación femenina. En 1987, Franklin se convierte en la primera mujer en entrar en el Rock and Roll Hall of Fame.

Fue seleccionada en el primer lugar de los Los 100 cantantes más grandes de todos los tiempos según Rolling Stone en 2008.​ Además, la misma publicación la catalogó en el lugar (23º) de mejores artistas, del listado 100 Grandes Artistas.