El mundo de la diplomacia global acaba de perder a una de sus figuras más relevantes y elegantes. Kofi Annan, el séptimo secretario general de las Naciones Unidas, ha fallecido este sábado en Berna (Suiza) tras padecer una breve enfermedad. Tenía 80 años de edad. Durante su mandato logró elevar en altura un cargo puramente administrativo gracias a su personalidad, carisma, determinación y temperamento. El legado que deja es enorme en el ámbito del desarrollo. Pero sus 10 años al frente de la organización multilateral también estuvieron dominados por momentos oscuros.

Kofi Atta Annan (Kumasi, Ghana; 8 de abril de 1938-Berna, Suiza; 18 de agosto de 2018) fue el séptimo secretario general de las Naciones Unidas, cargo que ocupó entre 1997 y 2006, y fue galardonado, junto a la ONU, con el Premio Nobel de la Paz de 2001.

El 13 de diciembre de 1996 Annan fue escogido por el Consejo de Seguridad de la ONU como secretario general y fue confirmado cuatro días más tarde en la Asamblea General de la ONU, sucediendo al egipcio Butros Butros-Ghali. La elección de Annan, propiciada por los Estados Unidos, rompió así el torno rotativo entre continentes y convirtió a Annan en el primer hombre negro en ocupar la Secretaría General.

Durante su mandato su prioridad fue la planificación de la reforma de las Naciones Unidas, siendo su primera iniciativa importante la presentación del llamado Plan de reforma para la Renovación de las Naciones Unidas

Se pronunció en repetidas ocasiones, para luchar activamente contra el sida, convirtiéndose en una gran prioridad de sus gobiernos.

El 1 de enero de 2002 le fue renovado su mandato por el Consejo de Seguridad así como por la Asamblea General hasta el 31 de diciembre de 2006. En 2003 se manifestó en contra de la invasión de Irak por parte de los gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido, y en 2004 la consideró ilegal.