Viernes contemporáneo

Por Armando Ortiz

La comunidad cultural en Veracruz se empieza a preocupar por el futuro del Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC), sobre la posibilidad de convertir una institución desahuciada en una Secretaría de Cultura. Durante sexenios el IVEC ha pasado de manos capaces a manos ineptas, de directores bienintencionados, pero mal preparados, a directores bien preparados pero maliciosos. El estado de la Cultura en Veracruz no es consecuencia de una mala política cultural sino de una nula política cultural. Las actividades que se realizan en el IVEC son dardos que se lanzan al viento sin apuntar a ningún objetivo. Si no hay política cultural todos los esfuerzos que se lleven a cabo serán estériles, simples espectáculos fútiles, temporales cuyo único destino es el olvido. Es por ello que la dirección del IVEC requiere no de una persona bienintencionada, o de un artista que sea amigo de Cuitláhuac García. Enrique Márquez es amigo de la familia Yunes, un excelente músico, pero como administrador no tuvo las cualidades. Para el Instituto Veracruzano de la Cultura se requiere de una persona que conozca cómo se desarrollan los procesos culturales en nuestro estado, que conozca a los protagonistas de la cultura en nuestro estado, que sepa de la necesidad de hacer públicos para que los eventos que se lleven a cabo no sean estériles. No queremos un académico cuadrado y sectario de la UV, no queremos a un artista que explote su ego en la dirección, no queremos un editor dipsómano que hizo su carrera a costillas de un escritor famoso. En el IVEC hace falta una persona que durante muchos años se ha preocupado por la Cultura. ¿Quién es esa persona?

Cuitláhuac García, el que promete está obligado a cumplir

No es una promesa cualquiera la que Cuitláhuac García, gobernador electo de Veracruz, se trajo de la casa de transición del presidente electo Andrés Manuel López Obrador: “Becas para todos los estudiantes de preparatoria del estado, 20 mil becas a universitarios en Veracruz y 150 mil jóvenes con beca-trabajo; así como la generación de 100 mil empleos en el programa de reforestación y 60 mil becas para discapacitados”. A todo esto, sume que la pensión de los adultos mayores se duplicará, la reestructuración de la refinería de Minatitlán y el programa petroquímico en Coatzacoalcos. El propósito de las becas y los apoyos a los jóvenes es combatir la inseguridad y combatir la pobreza extrema. La estrategia es interesante. Mantener a la generación actual de jóvenes ocupada para que no se líen en bandas delictivas; eso es buscar el fondo al problema de la inseguridad. La pregunta que surge es: ¿de dónde va a salir tanto dinero para llevar a cabo todos estos programas? El que promete está obligado a cumplir. Si cumple, las personas se lo tomarán a bien y lo considerarán como un gobernante de palabra. Pero si no cumple, entonces todos se le irán encima y no se lo van a perdonar nunca.

López Obrador y Peña Nieto, una transición de terciopelo

El miércoles le dieron su constancia de mayoría a Andrés Manuel López Obrador, y el jueves ya se estaba presentando como presidente electo ante el presidente en funciones. El recibimiento no pudo ser más cordial. Entre otras cosas ya acordaron que el 20 de agosto los dos gabinetes, el propuesto y el que está en funciones se reúnan para empezar a planear la transición. Por otro lado, López Obrador pidió al presidente Peña Nieto que adelante una iniciativa para la formación de la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General, a lo que Peña Nieto estuvo de acuerdo. Las señales que los dos políticos están dando brinda mucha tranquilidad a los mercados y a la propia ciudadanía. Al parecer la transición será un ejemplo de civilidad republicana. El mismo Peña Nieto así lo ha destacado en Twitter: “Me reuní con el Presidente Electo @lopezobrador_, a quien le reiteré la disposición del Gobierno de la República de apoyarlo y colaborar para una transición eficiente y eficaz en beneficio de México”.

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