En México, en materia de impunidad uno debe ser mal pensado, sobre todo cuando la justicia se ha utilizado con fines políticos en infinidad de casos. Y cuando observamos lo benévolo del sistema con ciertos presidiarios las dudas aumentan, porque decir que Elba Esther estuvo en cárcel es un eufemismo pues con el argumento de su enfermedad los cinco años y meses los pasó en el área de salud del reclusorio, en un hospital privado y en su lujoso departamento ¿cuál castigo? Ahora que la PGR reclasifica la acusación contra Duarte de delincuencia organizada por el de asociación delictuosa se antoja un pago de factura, un “hasta aquí te apoyo, lo demás ya no es cuento nuestro”, por aquello de la desaparición forzada. Pudiera no ser así, pero “piensa mal y acertarás.