Dentro del surrealismo en que se encuentra sumergido el priismo, el de Veracruz no escapa a este preocupante síntoma: pasividad, desorganización, divisiones internas, desgano, traiciones, etc. A cuánto asciende el desconcierto en este partido lo señala la indecisión de renovar sus cuadros directivos, estatales y nacionales. Debe suponerse que transitan por un periodo de auténtica actitud reflexiva, aunada a la planeación de acciones de recuperación, tal pudiera ser la causa de la pasividad, de otro modo están perdiendo tiempo miserablemente. En Veracruz, por ejemplo, parte de su militancia explica el inmovilismo porque desean impedir el retorno del “fidelismo” al mando priista, y por tal razón prefieren la permanencia de Américo Zúñiga para no dejar vacíos al descubierto. Pero el tiempo pasa y no perdona, canta el vate de Juárez.