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AL PIE DE LA LETRA
Raymundo Jiménez

El pasado 9 de julio –ocho días después de la histórica elección en la que arrolló por más de 200 mil votos de diferencia al primogénito del mandatario veracruzano Miguel Ángel Yunes Linares en las urnas–, el gobernador electo Cuitláhuac García Jiménez visitó en su despacho a la rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara.

Ese mismo día, García Jiménez, quien es egresado de la Facultad de Ingeniería y catedrático de esa casa de estudios, difundió a través de su cuenta de Twitter: “Ya estamos trabajando. Platiqué con la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, sobre las finanzas de nuestra máxima casa de estudios y planes para su crecimiento en los próximos años.”

Sin embargo, a diferencia de la austeridad republicana que vienen proclamando el virtual  gobernador de Veracruz y el futuro Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador –lo que ya ha obligado a otros Poderes de la Unión a prever diversos ajustes en los ingresos y otros privilegios de los venían gozando diputados y senadores, así como los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación–, ni en esa reunión ni después la rectora se comprometió públicamente a racionalizar el gasto de la UV, sobre todo en materia de sueldos de la alta burocracia, comenzando por ella.

El asunto no es menor, ya que hace tres meses, a principios de mayo, estalló un escándalo mediático que involucró a Ladrón de Guevara y a su esposo Guillermo Heitler Aroeste en  la sospechosa compra que en octubre de 2017 hicieron para sí mismos, “en partes iguales e indivisas”, de la casa y terreno marcados con el número 50 de la antigua Calle Josefa Ortiz de Domínguez –hoy Calle Corregidora–, de esta ciudad capital, con superficie remanente de poco más de 3 mil 547 metros cuadrados.

Se trata de la residencia que perteneció al ex gobernador Rafael Hernández Ochoa (1974-1980), por la cual declararon ante el Notario Público No. 9 de Xalapa, Arturo Hernández Reynante, haber pagado 12 millones de pesos a seis miembros de la familia Lascurain Rangel, sus últimos propietarios.

En la capital veracruzana no sólo se duda del bajo precio declarado ante el fedatario, sino que se cuestiona también que Ladrón de Guevara haya podido adquirirla realmente con el sueldo acumulado en los cuatro años que apenas llevaba en la Rectoría.

Casualmente, desde hace un par de años, se ha cuestionado a Ladrón de Guevara por el monto real de su salario como máxima autoridad de la UV. La última vez fue a principios de septiembre de 2017, luego de que el portal informativo Animal Político publicó que mensualmente percibía 195 mil 348 pesos, lo que la convertía en la académica “mejor pagada del país”, aún por encima de los  rectores del Instituto Politécnico Nacional, UNAM, Colmex y de la UAM, así como de varios gobernadores –incluyendo a Yunes Linares, quien nominalmente percibe menos de la mitad: 74 mil 938 pesos al mes– y hasta del propio presidente de la República, Enrique Peña Nieto, cuyo ingreso más reciente era de cien pesos menos que el de la ex directora del Museo de Antropología de Xalapa.

Entrevistada sobre este incómodo tema en septiembre del año pasado en un evento en el Palacio Municipal del puerto de Veracruz, la rectora no quiso revelar el monto de su percepción. “Falso, falso, es falso. No tengo ese dato”, respondió a los reporteros que le preguntaron sobre lo publicado por el portal informativo que en 2016 había destapado el caso de las fraudulentas “empresas fantasmas” del ex gobernador Javier Duarte.

 “No voy a tener eso como un tema, es una provocación”, respondió molesta, arguyendo que “yo le puedo decir que tengo un salario menor que el que tenía mi antecesor y el que tenía el antecesor de mi antecesor. No quiero manejar cifras porque ustedes están queriendo poner una nota y la Universidad Veracruzana hace mucho más que tener unas notas para vender, disculpen.”

El asunto caló entre la comunidad universitaria, pues a través de la plataforma Change.org, el año pasado un grupo de académicos de la UV recabó firmas para –entre otros puntos– pedir que la rectora redujera su salario.

¿El gobernador electo Cuitláhuac García logrará persuadir a Ladrón de Guevara para que ahora sí se “apriete el cinturón”?

Porque así como López Obrador argumenta que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”, tampoco la Universidad Veracruzana puede seguir con el mismo déficit financiero y con una rectora millonaria. ¿O sí?