Está históricamente comprobado que una Revolución es reflejo y fruto del fracaso social de un régimen, significa la oportunidad de renovar esperanzas, de establecer instituciones avocadas a transformar aquellas que fracasaron, sustituirlas por otras con capacidad transformadora. Obviamente, también implica renovación de hombres en el poder, con vocación social y de servicio. Si eso significa el mandato ciudadano del primero de julio, entonces somos testigos de un auténtico movimiento renovador, que sustituye al viejo régimen y deberá demostrarse a partir del 1 de diciembre. Y ojala conserve los indudables avances hasta ahora conseguidos y reinicie la etapa hacia la justicia social.