Como ocurre por ejemplo con los partidos políticos o los sindicatos, que son fuente segura de riqueza y poder, no susceptibles de ser fiscalizados ni aptos para que se rindan cuentas de sus manejos financieros, la Universidad Veracruzana (UV) y la Universidad Popular Autónoma de Veracruz (UPAV) coinciden en estar sometidas a presiones por intereses que buscan tenerlas bajo su control e imperio.

En el caso de la UV, la Rectoría ha presentado un anteproyecto de nueva Ley Orgánica que este martes acaba de ser descalificado por la Junta de Gobierno de la propia Universidad, por las trampas que contiene para fortalecer la figura del rector mientras disminuye y anula la capacidad decisoria de la propia Junta.

La UPAV, por su parte, parece encaminarse a una dinámica en que “todos” quieren dirigirla, pero en particular hay un grupo dedicado a hacer ruido mediático exigiéndole a la actual Legislatura que modifique el estatuto de la institución. No se sabe si esos activistas son inconscientes de que una reforma actual podría derivar en que se apodere de la Universidad el actual grupo en el poder, o sólo pretenden llamar la atención del futuro gobierno para ser tomados en cuenta.

En los casos de ambas instituciones, no hay altura de miras, buena fe ni la deliberación imprescindible que debe existir, dado el tipo de entidades involucradas y su importancia capital para miles de veracruzanos.

Claramente son botín de guerra para oportunistas.