Una auténtica Caja de Pandora ha destapado el Papa Francisco al iniciar el combate contra la pederastia en la Iglesia católica, iniciando una auténtica Santa Cruzada, valiente lucha para desarraigar ese mal en la milenaria institución. El más reciente escándalo, el de Pensilvania, EEUU, revela que los abusos sexuales por sacerdotes contra niños se conocían institucionalmente desde 1963 y nada se hizo para detener y castigar a los culpables; por el contrario se mostró omisión y “tolerancia”; de ahí que la Santa sede expresa agobio y reconoce que “deberían asumirse responsabilidades”. Esto último debiera incluir a los Papas que de esto conocieron y carecieron de voluntad para detenerlo, por el contrario intentaron ocultarlo. Cierto, el escándalo es “una catástrofe moral,  ¡Qué vergüenza!